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Atget, Eugène

Nacimiento: Libourne, Gironda , 1857

Fallecimiento: París, 1927

Descripción:

La obra de Eugène Atget puede resultar a primera vista enigmática y difícil de situar, pero como ocurre con todos los clásicos, la historia la ha ido destilando en una imagen translúcida que ha inspirado e inspira a generaciones de artistas. Su obra ha sido ensalzada hasta la categoría de verdadero hito en la evolución de la cultura fotográfica. Un hito indispensable para entender la estética moderna que su obra introduce de manera más o menos sutil.

De hecho, y pese a trabajar casi en el anonimato, al momento de su muerte distintas corrientes artísticas ya se disputaban la adscripción de sus imágenes. Para unos sintonizaba con el ideario surrealista: la descripción detallada de objetos ordinarios susceptibles de evocar simbolismos poco convencionales, el enigma latente de sus escenas, y a menudo, la atmósfera pesada, metafísica de sus paisajes. Para otros era simplemente un fotógrafo honesto que captaba con su cámara calles, jardines y gentes de un París que era la otra cara de la conocida metrópoli, y decidió hacerlo sin más pretensión que la de crear un archivo sistemático de imágenes de una ciudad en transformación. Otros, subrayaban la sensibilidad inherente a su visión, su poesía y su misterio.

La manera como Atget se enfrenta al paisaje que retrata, en el que encuentra una inagotable plasticidad, le permite retomar una y otra vez los mismos motivos, que siempre parecen nuevos. La austeridad y originalidad de sus encuadres, así como su capacidad para hacer de un tema particular, de un detalle, un relevante documento de la cultura francesa, ha sido un ejemplo para sus sucesores. El eco del retrato colectivo del París de Atget lo encontramos en el que realizó August Sander con la sociedad alemana, Walker Evans y Lee Friedlander con la americana, o Paul Strand con cada uno de los pueblos que fotografía, incluso en un fotógrafo contemporáneo como Fazal Sheikh que lo reconoce como uno de sus maestros. Todos ellos, con Atget a la cabeza, nos han enseñado que lo más nimio puede resultar interesante y bello cuando se fotografía.

Atget nació en Libourne en 1857 y murió en París en 1927, nunca recibió una formación sólida en fotografía, se unió a esta pujante profesión en el siglo XIX después de pasar sin éxito por otras, como las de redactor y dibujante para una revista satírica o actor en compañías de segunda fila. Empezó a hacer fotografías en 1888, en un principio con el propósito de ganarse la vida vendiendo a artistas documentos visuales de las calles de París; más tarde su clientela se amplió, y tuvo entre sus compradores habituales a artistas, artesanos y aficionados a la historia, aparte de importantes instituciones interesadas en la historia de París, como el Musée Carnavalet y la Bibliothèque Nationale. Atget decía que sus fotografías eran «documentos para artistas», y nunca pretendió que fueran arte en sí mismas. Su carrera fotográfica se vio interrumpida por la Primera Guerra Mundial, tras la que siguió trabajando hasta poco antes de su muerte. Desde este momento, y en parte gracias a la fotógrafa americana Berenice Abbott que adquirió su legado (hoy esas miles de fotografías se conservan en el MoMA de Nueva York) y difundió su obra, ya como obra de arte, su reconocimiento como maestro de la fotografía fue general.