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Sheikh, Fazal

Nacimiento: Nueva York, Nueva York, 1965

Descripción:

Fazal Sheikh está considerado como uno de los autores contemporáneos más importantes de fotografía documental. Al contemplar su obra sin embargo, vemos como se aleja del puro reportaje: en sus imágenes —con las que evita que el espectador saque unas conclusiones determinadas—, siempre hay espacio para la reflexión, para establecer un diálogo con los retratados que tienen la oportunidad de expresarse. Como espectadores nos incorporamos a ese diálogo a través de sus exposiciones y sus libros.

La obra de Sheikh se centra especialmente en dramas humanos apenas conocidos. Se define como un artista activista que usa la fotografía para crear un retrato de diferentes comunidades alrededor del mundo hablando de sus creencias y tradiciones, de sus problemas políticos y económicos. Con sus fotografías aprendemos más sobre los retratados y las circunstancias en que viven y al mismo tiempo sirven para narrar la historia de los que sufren. Para él son muy importantes las palabras de los personajes de sus fotografías: testimonios, historias, sueños que ayudan a entender y provocan una mirada más personal sobre los retratados. Las imágenes tienen un evidente valor estético, algo que podría parecer contradictorio al retratar estos temas, pero muy al contrario, consigue con ello atraer la atención mundial hacia esas injusticias. Las imágenes y los textos funcionan por separado, pero juntos se refuerzan y adquieren su verdadera importancia como obra.

Sheikh trabaja por series: se centra durante un periodo de tiempo —que en ocasiones puede durar años— en un proyecto. Se documenta, entabla una relación personal con la gente para conocer directamente su situación y poder realizar mejor un trabajo que requiere calma, sosiego y reflexión, aspectos que están muy presentes en su obra.

Desde sus primeras fotografías, que realizó en Kenia y Sudáfrica a finales de los años ochenta, y la primera serie de retratos en los campos de refugiados de la frontera entre Kenia y Sudán en 1992, Sheikh comprendió la importancia de que una fotografía sea un acto de compromiso mutuo, más que un encuentro desigual entre él mismo, como observador curioso, y sus modelos, como víctimas complacientes. El respeto con que Sheikh se acerca a los retratados y la serenidad con la que ellos permanecen ante la cámara nos permiten contemplarlos como iguales, a pesar de las diferencias geográficas, religiosas, lingüísticas, educativas y económicas. En lugar de ser un elemento distanciador, su fotografía sugiere que el sujeto fotografiado y el observador comparten más cosas de las que les separan.

A través del retrato, Fazal Sheikh encarna en las personas sus temas. Podemos ponerle cara al drama, identificarnos con el sufrimiento del otro. Sus retratos son frontales, representaciones directas; son, en esencia, colaboraciones con los retratados: se ha ganado su confianza, se ha perdido la solemnidad habitual en la retórica del retrato. Como ya hizo Walker Evans, que nunca adoptó una actitud condescendiente o morbosa típica de la fotografía documental, Sheikh se queda fuera, no impone nada al espectador, no introduce cualidades sentimentales o redentoras que restarían autenticidad a su obra.