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Ángeles Ortiz, Manuel

Nacimiento: Jaén, 1895

Fallecimiento: París, 1984

Descripción:

Su adolescencia transcurrió en Granada, donde entabló amistad con González de la Serna y García Lorca, y asistió a clases de pintura junto a Rodríguez Acosta o López Mezquita. Instalado en 1912 en Madrid para ampliar sus estudios en el taller de Cecilio Pla, participó en la vida cultural de la capital. En 1915 inauguró, en el Centro Artístico y Literario de Granada, su primera exposición, junto a Ramón Carazo. Sus primeras obras denotan influencias de Zuloaga y Romero de Torres.

En 1920, en su primer viaje a la capital francesa, conoció a Picasso gracias a Manuel de Falla. Al igual que otros pintores españoles de la Escuela de París, plasmó en sus obras una síntesis de las tendencias en boga en el París de entreguerras. Fue colaborador gráfico de La Gaceta LiterariaGallo y Martín Fierro, e ilustró diversas publicaciones literarias. También realizó decorados y figurines para ballets como El retablo de Maese Pedro, de Manuel de Falla, en colaboración con Hernando Viñes y Hermenegildo Lanz; Geneviève Brabant, de Satie, o Aubade, de Poulenc. En 1926 celebró su primera exposición individual en la Galerie Quatre Chemins.

Próximo a la vida aristocrática parisina, frecuentó la Costa Azul, realizando retratos mundanos. En 1932, en medio de una crisis personal, volvió a Madrid. En esos años colaboró con La Barraca, expuso algunas obras surrealistas y participó en el Grupo Arte Constructivo. Se marchó en 1935 a Barcelona, para ocupar una cátedra de dibujo. Allí conoció a Torres García, con quien proyectó un centro de arte de vanguardia en Madrid que se vio frustrado por la Guerra Civil, que le sorprendió en la capital. Fue uno de los fundadores de la Alianza de Intelectuales Antifascistas para la Defensa de la Cultura. De vuelta en Barcelona, realizó carteles, dibujó una alegoría del asesinato de García Lorca, ilustró con litografías Guerra viva, de Herrera Petere, y estuvo presente con Fugitivos en el pabellón republicano de la Exposición Universal de París de 1937.

Tras la guerra fue recluido en el campo de concentración de Saint-Cyprien, de donde salió gracias a Picasso. Marchó entonces a París para después embarcar rumbo a Buenos Aires. En sus años de exilio en Argentina, entre 1940 y 1949, volvió a frecuentar a Falla y Torres García. Su producción de la época está dominada por el paisaje; además, realizó algunas esculturas y las litografías de Patagonie(1942), de Roger Caillois.

De vuelta en París, donde retomó el contacto con Picasso y Éluard, su obra de los años cincuenta y sesenta se inclinó hacia su lado más lírico, reelaborando elementos de su memoria granadina. Posteriormente, se le rindieron diversos homenajes en España y se hicieron varias exposiciones de su obra. En 1981 recibió el Premio Nacional de Artes Plásticas.

Noemi de Haro