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Strand, Paul

Nacimiento: Nueva York, 1890

Fallecimiento: Orgeval, Francia, 1976

Descripción:

El fotógrafo, el artesano, el observador. Strand es un fotógrafo completo. Maestro de todos los pasos que llevan a una fotografía desde la primera mirada hasta el laboratorio. Su figura aparece como una referencia ineludible que encontraremos en las generaciones posteriores. Strand obliga a atender lo importante sobre lo accesorio: hace volver a la esencia.

«Un símbolo de todo deseo antiguo y nuevo». «El símbolo de una gran lucha impersonal», así definió Paul Strand la fotografía. A través de él se cuenta la historia de la fotografía moderna, también del hombre moderno.

Desde sus primeros pasos en la vida, cada gesto estuvo encaminado a la fotografía. Nació en Nueva York en el seno de una familia inmigrante de la República Checa. Fue alumno de Lewis Hine en el Ethical Culture School y una visita a la galería 291 de Alfred Stieglitz le hizo pensar en la fotografía como algo más que un hobby. A partir de ese momento desarrolla una vida dedicada a la observación del mundo y a su aprehensión a través del objetivo. De Hine le quedó la idea de la fotografía como arma de denuncia, como elemento político, y durante toda su carrera Strand fue un artista políticamente comprometido.

Siempre le acompañó el reconocimiento. Expuso en la 291 y en The Modern Gallery, apareció en los dos últimos números de Camera Work, exploró los principios de la estética moderna y profundizó en la corriente de la Nueva Objetividad con sus paisajes urbanos y sus fotografías de máquinas. Entró después de lleno en el cine, y lo abandonó sólo por la incapacidad de financiación de estas obras tras la guerra. Decidió entonces dedicarse a la elaboración de libros de fotografía de un exquisito cuidado, buscando aunar texto e imagen como lo hacía el cine. Time in New England, con Nancy Newhall, fue la primera de estas publicaciones, y después tras mudarse a Europa en 1950 siguieron La France de profil con Claude Roy (1952), Un Paese (A Village) con Cesare Zavattini (1955), Tir a’Mhurain con Basil Davidson (1962), Living Egypt (1969) y Ghana: an African portrait (1976).

Un joven Strand decide estudiar «cómo construir una fotografía, en qué consiste, cómo se relacionan las formas, los cuerpos entre sí, cómo se llena el espacio, cómo, todo ello, debe tener un cierto sentido de unidad». Y con esta máxima pasan los años, las investigaciones, las mujeres (Rebecca Salsbury, Virginia Stevens y Hazel Kingsbury), los países observados y los reconocimientos: influencias del entorno que asume y convierte en una forma de ver impecable, elegante y cruda.

Su película con Charler Sheeler Manhattan (1921) presentada como New York the Magnificent fue uno de los grandes hitos de la época: 7 minutos que reflejaban las calles de Nueva York, esa ciudad tantas veces representada como paradigma de nuestro mundo. En los años treinta desarrolló su carrera como freelance en este campo, y debido a sus viajes entró en contacto con el cine documental patrocinado por el gobierno mexicano, lo que le permite rodar Redes (The Wave) que ponía en evidencia los problemas económicos de una aldea pesquera cerca de Veracruz. A esto siguieron The Plow That Broke the Plains con Pare Lorentz y el montaje de la productora Frontier Films; y su obra más ambiciosa Native Land, estrenada en 1941.

En 1956 Edward Steichen comisaría una exposición, esencial hoy en la historia de la fotografía: dentro de la serie Diogenes with a Camera se muestra Diogenes with a Camera III, donde se une su obra a la de Manuel Álvarez Bravo, Walker Evans, y August Sander. En 1965 Nancy Newhall le presenta a Michael Hoffman, editor de Aperture, entidad con la que colaborará de por vida y que manejará su legado y archivo, además de editar los dos tomos del catálogo de la gran retrospectiva que tuvo lugar en el Philadelphia Museum of Art en 1971, Paul Strand: A retrospective monograph.

A la capacidad de mirar, Strand unía un gran dominio del oficio, y sus obras se distinguen por ello. Trabajaba en el laboratorio y elegía los papeles —con predilección por los que contenían partículas de platino— característica que hacía los blancos y negros más intensos y fortalecía los contrastes. Richard Benson tuvo la suerte de pasar tiempo con el maestro Strand en el laboratorio al final de su vida y escribió sobre él: «Aprendí a simplificar en la oscuridad, ‘haz todo lo que puedas con la luz, hijo, y no te olvides nunca de que estamos haciendo una foto y no un copia’. Esta fue lección sobre el arte de la fotografía».

«Pienso en mí mismo como un explorador que ha pasado su vida en un largo viaje de descubrimientos», afirmó. Descubrimientos que desde cada una de sus obras incitan a explorar, a pensar el mundo. Cuando murió en 1976 en Orgeval, se publicaron los portfolios: On my doorstep y The Garden. Llevaba 75 años colgado de una cámara.