AMAI TLP

Cuando el coraje no tiene límites

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Para acercarse al Trastorno Límite de Personalidad (TLP), como a cualquier otra enfermedad mental, hay que dejar fuera los prejuicios y los juicios. Y eso hacen en AMAI TLP, un centro ubicado en un local en la calle Coslada de Madrid en el que las personas que sufren TLP encuentran por fin comprensión, paciencia y flexibilidad. Y terapias específicas enfocadas en mejorar el control de las emociones y la percepción de la propia persona.

Para llevar a cabo su tarea, la asociación cuenta con las aportaciones de sus 300 socios aproximadamente (algunos familiares de afectados y otros no) y con el apoyo de diversas entidades privadas. Además, apoya la investigación y prevención del TLP y ofrece atención a las personas que sufren este trastorno.

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Los pacientes que acuden a la fundación AMAI TLP, ubicada en un local en la calle Coslada de Madrid, llegan después de años de diagnósticos fallidos y de vivir con la incomprensión a su alrededor sobre lo que les sucede. Las dificultades para manejar sus emociones y sus impulsos, y en muchos casos las tendencias suicidas o de autolesión, generan una gran sufrimiento que se expande por su entorno inmediato.

La ignorancia hace que no se reaccione correctamente ante personas con TLP. En España, el TLP se conoce desde hace relativamente poco tiempo, y se estima que afecta a entre un 2 y un 3% de la población. En Estados Unidos se estima en un 4%. Y cada vez se dan más casos, hasta el punto que algunos la llaman ya la enfermedad del siglo XXI, por encima de la esquizofrenia.

La asociación ofrece un promedio de 5.000 consultas mensuales en este centro. Teresa, presidenta de la asociación y superheroína de esta historia, nos explica que se trata de una atención especializada: “Siempre se empieza con una entrevista y luego se deriva el caso al psicólogo, para una terapia individual, ya sea con el familiar o el afectado. Luego el terapeuta decide a qué talleres o a terapia grupal deben ir esas personas. Tenemos musicoterapia, mindfulness, yoga, danza, terapia conductual. Escuelas de familia. Excursiones. Los afectados salen una vez al mes. Y una vez al año, se hace una excursión con la familia del afectado, acompañados de un psicólogo. Hay personas que han entrado muy, pero que muy mal, y, sin embargo, hoy en día están trabajando, y llevando una vida normal”.