Pérez Siquier, Marbella

Andrés Barba

Marbella, 1974 Marbella, 1974

Carlos Pérez Siquier
Marbella, 1974
© Carlos Pérez Siquier

La playa es el lugar democratizador por antonomasia. Lo comprendió el fotoperiodismo norteamericano desde el principio del siglo XX como demuestran muchas piezas maestras de los años cuarenta. Todos esos amantes de barrio, esas madres remendando pantalones, esas gordas dichosas de Coney Island que fotografiaron Lisette Model o Weegee tomaban el relevo del retrato que la clase media y trabajadora ya había empezado a hacer de sí misma sin ninguna pretensión artística. En la foto playera se produce el camino inverso al «natural»: es el artista el que copia la foto popular, no el pueblo el que se envara para conseguir un autorretrato «dignificado». Se acabó el fingimiento, frente al mar somos por igual criaturas liberadas y criaturas degradadas; la excitación erótica se mezcla con la modorra, el sol dora la carne pero también la reblandece, los gestos de relajación muy bien podrían ser los del orgasmo, pero también los del cadáver. De ahí que ese feísmo deliberado, no llegue a su lugar propio –y también a su apogeo– hasta que no adopta el color como territorio natural.

Pérez Siquier es, en ese sentido, un auténtico abanderado. Contratado por el Ministerio de Información y Turismo, recorre durante las décadas de los sesenta y setenta diversas costas del litoral español para producir las imágenes de encargo que necesita una industria en plena expansión, pero al margen, aprovecha para desarrollar también un proyecto privado en plena consonancia con el espíritu democrático de Model o Weegee. En las playas españolas Pérez Siquier se encuentra con toda una nación sedienta de libertad, de ocio, de sexo. Una España desmesurada, que se pinta para ir a la playa y se queda dormida al sol. Y lo hace llevando la fotografía playera al color mucho antes que los que acabaron siendo maestros del género, como Martin Parr. Mientras Los Panchos cantaban su meloso «Cuando calienta el sol», la fotografía artística española entraba de la mano de Perez Siquier en el maravilloso mundo de los cuerpos reales.

Andrés Barba es novelista, ensayista, traductor, guionista y fotógrafo.