Un universo femenino quieto e inspirador de creatividad simbólica

Carla Calparsoro

Figure debout [Figura de pie], 1958 Figure debout [Figura de pie], 1958

Alberto Giacometti
Figure debout [Figura de pie], 1958
© Alberto Giacometti Estate / VEGAP, 2020

Figure debout, 1958 es una obra realizada después de la primera gran exposición de Giacometti en el pabellón de Suiza de la Bienal de Arte Contemporáneo de Venecia del año 1956, para la que creó las Mujeres de Venecia, ocho esculturas de mujeres de pie sobre pedestales. Posiblemente todas eran versiones de la misma, la mujer, la diosa, «el otro» para Giacometti, su fuerza como escultura aumentaba al exponerse en grupo.

La figura de la Figure debout [Mujer de Pie] es una evolución de las Mujeres de Venecia en la que observamos la diferencia de los detalles concretos. Las figuras de mujeres anteriores eran de tamaño más pequeño y con un pedestal grande, figuras que creaban la ilusión de que se perdían en la distancia y en las que Giacometti no acababa de dar concreción a su gesto y forma pues eran figuras que desde su punto de vista solo podían ser representadas de cuerpo entero, en la lejanía, como si fueran a desaparecer, a desvanecerse. En las Mujeres de Venecia todavía pequeñas y sin el gesto concreto pero ya más realistas en sus proporciones y con un pedestal más pequeño, comienzan a diferenciarse unas de otras adquiriendo cierta personalidad.

En Figure debout [Mujer de Pie] de 1958 ya se pueden distinguir muchas facciones y formas concretas como el gesto con su nariz respingona y la boca cerrada, su barbilla redonda y arrugas en la frente, recuerda a su cónyugue Annette Arm, se distinguen también las proporciones de su cuerpo esbelto y delgado, sus pechos casi en movimiento y la clavícula y caderas angulosas, todo ello en un tono más realista.

Giacometti ya está en otro momento de su carrera. Después de muchos años trabajando la figura humana en pequeño formato, el que podía retratar su ojo en la distancia, se atreve con la propuesta de realizar el encargo del Chase Manhattan Bank Commission para hacer una copia en escala a tamaño natural de su escultura Los tres hombres andando 1948, que, aunque no se realizaría, le sirvió para reflexionar sobre la propuesta y pensó que si se hicieran a tamaño real no sería necesario ponerlas sobre un pedestal, se pondrían a ras de suelo mezclándose así entre la gente. Esta decisión le ayudó a superar esa necesidad de ver a la figura humana como mirada desde la distancia, carente de detalle para pensar en una nueva figura humana llena de detalles y con la posibilidad de ser vista desde todas las perspectivas.

Desde su juventud Giacometti estuvo obsesionado con la idea de dar vida a sus obras; fue con 12 años, al leer los artículos sobre las esculturas egipcias y en particular sobre una de Akenatón y Nefertiti en la que la pareja aparece jugando con sus hijos en una estampa familiar, cuando descubrió la idea egipcia del escultor como el que mantiene y perpetúa la vida del representado.

Representar la vida tal y como él la veía se convertiría en su deseo, él mismo reconocería esta idea como proyecto «imposible» ya que su percepción del mundo estaría en constante movimiento, lo cual le llevó, entre otras cosas, a repetir innumerables veces cada boceto, retrato, figura…

Figure debout [Mujer de Pie], de 1958, daría paso a una nueva manera de percibir sus limitaciones. Es en esta figura de mujer de pie realizada tras años de estudio sobre el dibujo de la cabeza humana y la expresión del alma y el sentir, donde empezará a representar el gesto humano y la profundidad de su mirada y su alma. Esta obra, que se deja contemplar desde cualquier punto de vista, sería de las primeras de una nueva forma de representar de Giacometti en la que seguiría trabajando y profundizando, junto con los dibujos y las pinturas hasta el final de su vida. Giacometti se definía a sí mismo como un artista realista, sin embargo Sartre y otros contemporáneos suyos lo verían como un artista existencialista por realizar una obra que revela la ansiedad y alienación de la vida en el siglo XX.

El momento en que realiza esta pieza marcaría el punto de evolución del artista, un gran paso, ya que va más allá del ser humano en su entorno, dependiente del ojo que lo mira, para mostrarnos al ser humano independiente que confronta e interpela a su espectador, haciendo que torne su mirada hacia sí mismo. Cabe destacar en este punto la naturaleza de un universo femenino quieto e inspirador de una creatividad simbólica que hará de contrapeso a las figuras masculinas, más dinámicas, siendo en conjunto, a mi parecer, como las dos partes de uno mismo.

Carla Calparsoro. Actriz, profesora y coach de actores. Licenciada en Dramaturgia por la Universidad New School of Social Research de New York City.