¿Cómo percibimos la sensación de velocidad como conductor?

¿Cómo percibimos la sensación de velocidad como conductor? ¿Cómo percibimos la sensación de velocidad como conductor?

La velocidad es, como todo el mundo sabe, la distancia recorrida por unidad de tiempo: los metros por segundo los kilómetros por hora. Lo que pasa es que, dependiendo de nuestro punto de vista, podemos apreciar la velocidad como algo que conlleva cierto riesgo, o como algo sin importancia.

Precisamente, desde el punto de vista del conductor de un coche, por ejemplo, la velocidad se suele ver como algo “no tan importante”, porque sencillamente el conductor es quien guía y quien observa el entorno. Para un peatón, al contrario, puede parecer que la velocidad de ese mismo conductor es excesiva porque, comparada con la suya propia, es bastante más elevada. 

Esto lo podemos ver de forma sencilla: circulamos por una vía estrecha, de un solo carril y con coches aparcados a ambos lados. Si circulamos a 30 km/h, ¿vamos lento o rápido? ¿Y si mantenemos la misma línea, sin salirnos de ella, pero en vez de tener coches a 30 centímetros del retrovisor, tenemos dos carriles más a cada lado? Está claro que en el primer caso pensaremos que vamos demasiado rápido, mientras que en el segundo iremos “parados”.

Todo depende de la sensación de velocidad del conductor

Esto último pasa en las autovías, donde la sensación de velocidad es muy baja porque las curvas son muy poco pronunciadas, y las rectas son interminables. Cuando circulamos a 120 km/h en una autovía, en realidad parece que estamos paseando tranquilamente, sobre todo si el coche tiene el habitáculo bien insonorizado.

¿Qué sucede en realidad? Sencillamente, estamos recorriendo muchos metros cada segundo. Cuando caminamos, podemos estar haciendo fácilmente 4 km/h, y eso es un metro por segundo, aproximadamente. Circulando a 30 km/h recorremos algo más de 8 metros cada segundo, y si lo hacemos a 120 km/h pasaremos de largo de los 30 metros cada segundo (concretamente, 33 metros y 33 centímetros por segundo).

La velocidad real no la valoramos en su justa medida

Como vemos en el gráfico, cada segundo que perdemos en una distracción al volante significa avanzar a ciegas una cantidad enorme de metros. Actos tan comunes como encender la radio, sintonizarla, responder al móvil (sobre todo si lo cogemos, vemos quién llama y atendemos la llamada) o programar el navegador hacen que estemos corriendo gran peligro, ya que, mientras hacemos cada cosa, no atendemos a la carretera.

Es muy importante tener presente cómo de rápida es, de verdad, la velocidad a la que circulamos. Tener conciencia de que recorremos 200 metros sin atender a la carretera es un argumento de peso para evitar, desde hoy mismo, las distracciones al volante. ¿En autovía nunca pasa nada? ¡No queremos encontrarnos con la excepción que confirma la regla!