Dejar de conducir, una decisión difícil

Dejar de conducir, una decisión difícil Dejar de conducir, una decisión difícil

En España no existe por ley una edad máxima para ser conductor. Según datos oficiales, un 12 % de los conductores tienen una edad superior a 65 años, y antes o después estos conductores deberán enfrentarse al momento de dejar de conducir. En ausencia de una ley que regule cuándo dejar de conducir, la elección del momento para dejar aparcado el coche de forma definitiva queda en manos del propio interesado, que encontrará en sus familiares y amigos el apoyo necesario para tomar esta complicada pero inevitable decisión.

¿A qué edad se debe dejar de conducir? La pregunta no admite una respuesta única. Si conducir es una actividad que exige de nosotros una serie de aptitudes psicofísicas, lo más indicado es dejar de conducir cuando percibimos que hemos perdido una parte notable de esas aptitudes. Al fin y al cabo, aunque nos consideremos conductores prudentes, es obvio que a medida que avanzan los años nuestras capacidades para la conducción van mermando, en mayor o menor medida. Por eso, si nos tenemos como prudentes, debemos estar atentos a los indicios que nos sugieren tomar la decisión de dejar de conducir.

¿Cuándo dejar de conducir? Algunos indicios que nos pueden ayudar a decidir

A medida que ganamos años y experiencia, vamos acumulando mermas en tres aspectos que son importantes a la hora de conducir: la vista, el oído y el aparato locomotor, como norma general. También existen riesgos específicos y relacionados con enfermedades degenerativas que afectan al conocimiento, como puede ser el azlhéimer.

En el apartado de la vista, conviene estar aconsejados permanentemente por el médico. Con la edad, perdemos campo visual, especialmente campo periférico. Observamos peor por los lados de la vista y por lo tanto dejamos de percibir a tiempo y con claridad numerosos estímulos que pueden ser vitales para conducir con seguridad. También es frecuente que nuestros ojos sean más sensibles a los brillos y reflejos, y menos hábiles en la oscuridad. A medida que nos hacemos mayores se hace necesario recorrer una mayor distancia para distinguir un mismo objeto. De hecho, se estima un conductor de 40 años necesita hasta 20 veces más luz que un conductor de 20 años.

En cuanto al oído, la pérdida de capacidades puede comenzar por los tonos agudos, que se vuelven imperceptibles para el conductor. Además, se hace más difícil localizar la procedencia de los sonidos, de manera que el conductor puede verse confundido, con el consiguiente riesgo de distracción.

En el terreno de las aptitudes psicomotrices, con la edad disminuyen los reflejos y aumentan las dificultades para moverse, lo que conlleva un mayor riesgo de no poder reaccionar de forma adecuada ante un imprevisto de la carretera. De forma añadida, algunas enfermedades, como el párkinson o la artritis, pueden afectar directamente a la capacidad del conductor para moverse en la forma y velocidad que requieren algunas condiciones de la conducción.

A estas cuestiones generales, por supuesto, hay que añadirles cualquier situación específica que motive en el conductor cualquier pérdida de las aptitudes necesarias para la conducción. 

Cómo dejar de conducir

El 81 % de los ancianos cree que la educación vial para mayores es insuficiente. Y, dentro de esa carencia generalizada, sin duda el momento de dejar de conducir es uno de los problemas más graves a los que se enfrentan los conductores mayores. La problemática no es sencilla de abordar, ya que no tienen mucho que ver un mayor de 65 años de edad que uno que acaba de cumplir los 85 años. Por lo tanto, y más que nunca, es necesario estar atentos a las condiciones particulares de cada conductor. Es la situación del conductor la que debe tomarse como indicio para decidir dejar de conducir, más que la edad que tenga.

Para conseguir el mejor resultado posible, la decisión de dejar de conducir debería tomarse entre el interesado y los familiares más directos. No parece recomendable recurrir a pequeños trucos de coerción, tales como esconder las llaves del coche o pinchar las ruedas del vehículo, tal y como explica José Antonio Flórez Lozano, catedrático de Ciencias de la conducta en la Universidad de Oviedo. Por el contrario, buscar una solución pactada es el mejor camino para que el conductor comience a aceptar su nueva condición.

Sin embargo, cuando no es posible encontrar el consenso, puede ser útil para los familiares y amigos la detección de los síntomas que indican que la persona quizá ya no está tan capacitada para conducir. Por ejemplo, se le puede hacer pasar al conductor mayor por el siguiente test.

Síntomas que nos deben poner en situación de alerta

Atiende a los siguientes síntomas. Si marcas más de una casilla, comienza a plantearte ya cómo deberías tomar la decisión de dejar de conducir:

  • Cada vez me cuesta más aparcar el coche.
  • Tengo accidentes sólo “de chapa” con mayor frecuencia.
  • Se me va el coche hacia el carril contrario con frecuencia.
  • De repente se me aparecen peatones y vehículos.
  • Tardo más en recorrer trayectos, aunque estos sean cortos y los conozca.
  • Cuando llego a los sitios ya no recuerdo qué trayecto he hecho.
  • Creo que ya no conduzco bien. 

En definitiva, se trata de que el conductor sea consciente de que dejar de conducir es un momento más de la vida, una decisión lógica que un día llega y que se toma pensando en la seguridad de todos los que nos rodean. Porque una cosa está clara: que a nosotros como conductores nunca nos haya pasado nada, no significa que nunca nos pueda pasar nada.