La influencia de una dieta saludable en la conducción

La influencia de una dieta saludable en la conducción La influencia de una dieta saludable en la conducción

Comer de forma saludable es fundamental para nuestro organismo, y esa importancia que tiene la dieta para el desempeño de nuestras funciones en el día a día tiene un peso aún mayor en nuestra seguridad vial. Se podría decir que una alimentación deficiente es un factor de riesgo para el conductor o peatón.

Cuando el organismo realiza sus funciones, consume energía. Cuando una persona piensa, camina, conduce, está realizando un trabajo, y en el desempeño de ese trabajo consume energía. Y esa energía el cuerpo humano la obtiene de la alimentación. Aquí es necesario tener en cuenta la disparidad entre los ritmos a los que trabajamos y los ritmos a los que nos alimentamos. Cuando estos ritmos no están sincronizados, nos cansamos más de la cuenta. Y si ese cansancio sobreviene cuando estamos al volante o cuando cruzamos la calle, fácilmente podemos ponernos en una situación de riesgo vial.

Los riesgos viales derivados del cansancio pueden resumirse en una menor capacidad de prestar atención al entorno, un aumento de las distracciones, un peor cálculo de las distancias y las velocidades, una toma de decisiones más lenta y errónea, también una tendencia a que esas decisiones sean automáticas, una peor respuesta psicomotriz a los estímulos que percibimos cuando conducimos, una mayor tendencia a la agresividad y a la impaciencia…

De hecho, el cansancio y la fatiga son síntomas de que el organismo necesita recuperarse. Para recuperarse, el cuerpo humano duerme. El sueño es un mecanismo natural de defensa del organismo, que lo utiliza para evitar la degradación que le supone al cuerpo no descansar. Por eso, cuando aparece el cansancio en la carretera debemos estar alerta para evitar que nuestro cerebro pase al siguiente estadio: el sueño, anticipado por los microsueños, o desconexiones temporales que se pueden producir sin que siquiera nos demos cuenta de ello.

Como es obvio, mientras dormimos no somos capaces de circular con seguridad. Pero el sueño presenta otro inconveniente que no es menor: es involuntario. No depende de lo que le ordenemos a nuestro cerebro. Por eso cuando conducimos o cuando caminamos por la calle vale la pena no acercarse a este problema y evitarlo en lo posible ya desde la aparición del cansancio.

En la medida en que ese cansancio se pueda evitar con una correcta alimentación: ligera, variada, equilibrada, pautada, estaremos trabajando por mejorar nuestra seguridad. 

También durante la noche, el organismo consume energías, ya que durante el sueño realiza lo que podríamos denominar “funciones de mantenimiento”. Por eso es fundamental reponer fuerzas cuando nos levantamos, antes de emprender un nuevo día. Y en el lado opuesto, las comidas copiosas son un enemigo natural de la seguridad vial, debido a lo que se conoce como somnolencia postprandial.

Para huir de estos extremos, vale la recomendación más clásica sobre la dieta más saludable. Hablamos de comidas ligeras, fácilmente digeribles y frecuentes. Siguiendo estas pautas el organismo va reponiendo energías sin dar lugar a que aparezcan el cansancio o la fatiga y, lo más peligroso cuando circulamos, el sueño.