Estrés, depresión y agresividad, ¿por qué son peligrosos al volante?

Estrés, depresión y agresividad, ¿por qué son peligrosos al volante? Estrés, depresión y agresividad, ¿por qué son peligrosos al volante?

Ponerse al volante con estrés, con una fuerte depresión o con ansiedad… En muchas ocasiones, o no somos conscientes de estar bajo estos factores psicológicos o no le damos la importancia que merecen. ¿Sabes lo mucho que puede afectar a nuestra conducción y, por lo tanto, a nuestra seguridad? Abordamos estos tres estados con el objetivo principal de no mezclarlos con la conducción o saber cómo actuar. 

El estrés es un estado psicobiológico generado por hiperactividad, considerado definitorio de la sociedad actual. Aparece por una sobreexigencia física, psíquica o ambas a la vez.  Puede surgir por nuestro ritmo de vida, problemas familiares, situación del propio tráfico… 

Podemos diferenciar tres fases distintas. En primer lugar, tenemos el estado de alarma en el que aumentan todas las funciones vitales. Esto puede llevar a un comportamiento peligroso como la impaciencia o la agresividad. Después está la resistencia, donde se potencian las conductas agresivas y, en tercer lugar, el agotamiento, donde se acelera el ritmo cardiaco y la tensión muscular. Aquí aparecen síntomas como el dolor de cabeza, aumento de la fatiga y reducción de la concentración. 

¿Qué podemos hacer si sufrimos estrés? Es importante no recurrir nunca a alcohol, drogas o medicamentos. También deberemos vigilar especialmente el no mostrar conductas agresivas, administrar bien nuestro tiempo para evitar ese estrés que pueda surgir por las prisas, escuchar música que nos relaje… 

Si el estrés que experimentas es fruto de la propia conducción (atascos, colisiones, ruido, monotonía…), es importante poner en práctica una serie de consejos. En primer lugar, debemos dormir bien, aplicar técnicas de conducción que nos permita reducir la tensión, minimizar los procesos de análisis y toma de decisiones al volante, realizar una adecuada planificación del horario, rutas, a seguir, previsión del tiempo, estado de la vía… Organiza también los tiempos de descanso y no vayas con prisas. 

En lo que respecta a la depresión, no podemos olvidar que es uno de los estados más comunes  y con mayor repercusión sobre la conducción. Provoca disminución en la atención y merma la capacidad de decisión. En muchos casos, especialmente los más graves, se producen alteraciones en el sueño, aumento de la ansiedad e irritabilidad, alteraciones en la percepción y en los sentidos, aumento de la fatiga…

Si creemos que podemos tener depresión, se aconseja acudir al médico. Un profesional detectará su situación y le ofrecerá un tratamiento adecuado. No olvide consultar los efectos de la medicación en la conducción. Si nos encontramos en una fase aguda de depresión, lo mejor es no conducir. 

¿Eres de los que se ponen agresivos con facilidad, especialmente al volante? Es uno de los comportamientos humanos que más caracterizan a los conductores. Lo cierto es que todo puede influir a la hora de desarrollar esta agresividad: el estrés, las prisas, alcohol,  la edad del conductor, el tipo de vehículo, el ir acompañado o no… 

Se aconseja mantener la calma y la tranquilidad, sobre todo en la conducción. Es importante empatizar con el resto de usuarios, realizar terapias para controlar estos brotes de agresividad, evitar todo aquello que nos pueda generar estrés… 

Con los años, algunos conductores se ponen nerviosos en determinadas circunstancias que puedan ser más o menos problemáticas. No debemos perder la paciencia y la calma. Tenemos que poner todo de nuestra parte para mantener los cinco sentidos y conducir con la tranquilidad necesaria para circular seguros.