¿Sabes cuáles son los riesgos de las personas mayores al volante?

¿Sabes cuáles son los riesgos de las personas mayores al volante? ¿Sabes cuáles son los riesgos de las personas mayores al volante?

Aunque pensemos lo contrario, no debemos caer en el error de pensar que el número de conductores que se puede considerar “mayores” (edad superior a los 65 años) es escaso en nuestras carreteras. Según datos de la Dirección General de Tráfico (DGT) así como del estudio sobre Mayores de 65 años y Seguridad Vial publicado por la Fundación MAPFRE, las cifras de las que estamos hablando es de 2.300.000 conductores o, lo que es lo mismo, un 10% de los conductores censados en España.

Estos conductores, que si bien pueden desplazarse todavía sin ningún problema, deben únicamente tener la precaución de estar atento a los síntomas que con el paso de los años, poco a poco van haciendo mella en su cuerpo. Debemos reconocer que por muy bien que nos sintamos, no nos encontraremos en las mismas condiciones físicas que alguien con 25 años, pero seguro que todavía podemos dar mucha guerra.

Qué hacer cuando aparecen los primeros síntomas

Lo primero es no preocuparse. Es algo normal y que tarde o temprano le llega a todo el mundo y, por lo tanto, existe mucha información sobre ello y los médicos podrán echarnos una mano para paliar los primeros síntomas que tengamos de la vejez.

Uno de los primeros síntomas que tendremos estará relacionado con la vista. De media, a partir de los 40 años empezaremos a notar que nuestra visión empeora. Notaremos primero dificultades para leer con claridad, también para ver la televisión, luego pasaremos a necesitar más luz para ver correctamente, no apreciaremos tan nítidamente los colores...

Todo ello ocurre de forma progresiva por lo que tendremos que estar atentos a las señales físicas que nos van llegando y tomar las medidas oportunas. La más sencilla es utilizar gafas siempre que sea necesario, sobre todo para conducir y en la medida de lo posible, teniendo en cuenta que de noche nuestra vista no será tan aguda como antes, evitar conducir tras la puesta del sol.

El oído es otro sentido fundamental al que el paso de los años no perdonará. Aproximadamente a partir de los 60 años notaremos una disminución progresiva de la capacidad auditiva que por desgracia suele afectar más a aquellas frecuencias altas, justo las más necesarias durante la conducción ya que los sonidos como las bocinas de los coches o las sirenas emiten en estas frecuencias. Deberemos por lo tanto estar atentos a la conducción y evitar llevar la radio demasiado alta porque nos impedirá percatarnos de las señales acústicas que nos puedan lanzar otros vehículos.

Los problemas físicos llegarán a los 70 años, donde el 80% de la población sufre algún tipo de artritis o rigidez muscular que le impide mover las articulaciones con libertad. Existirán por lo tanto movimientos que no podremos realizar correctamente sentados en el coche, como girar la cabeza o mover con soltura las muñecas en el volante. En ese caso, debemos plantearnos si podemos o no seguir conduciendo con seguridad, tanto la nuestra como la de los demás usuarios.

No nos olvidemos tampoco del descenso en la velocidad de los procesos mentales. Valorar las situaciones y tomar decisiones correctas serán con el paso de los años un poco más lentas. El tiempo de reacción también será más largo con lo que deberemos anticipar las maniobras y aumentar la distancia de seguridad para compensar los efectos.

Nos queda por último un tema muy importante como es el de los medicamentos, que ya tratamos en su momento tanto sabiendo si eran o no compatibles como sus posibles efectos en la conducción. Es algo que debemos tener muy presente y ser muy cuidadosos con ello.

Si tomamos un medicamento que puede afectar en nuestra capacidad al volante, no tendremos más remedio que dejar el coche aparcado. La solución de no tomar el medicamento para poder hacerlo tampoco es válido ya que pondremos nuestra salud en juego además de nuestra seguridad vial.

Y por supuesto, si tenemos algún tipo de duda lo mejor es que nos dirijamos a nuestro médico de cabecera que nos asesorará sobre aquellas dudas que tengamos.