Tema 3

Respeto a las normas

Respeto a las normas Respeto a las normas

Toma nota:

  • No respetar las normas es la tercera causa más importante de accidentes con víctimas.
  • 1 de cada 3 accidentes está relacionado con la velocidad.
  • Se considera que la eficacia del cinturón de seguridad es de un 50 por ciento en la reducción del riesgo de muerte.
  • El uso correcto del casco en vehículos de dos ruedas evitaría una de cada tres muertes (y dos de cada tres lesiones cerebrales).

Hace falta regulación

¿Te imaginas que no existiesen normas de tráfico? Que cada uno circulase por donde quisiera, a la velocidad que quisiera, sin respetar semáforos, ni señales ni a los demás…, o simplemente que ignoramos una norma tan sencilla como circular por la derecha. ¿Te lo imaginas? ¡El caos! En el tráfico una regulación es imprescindible. Da igual que las normas te parezcan bien o mal, justas o injustas, están ahí y hay que respetarlas.

La seguridad y la fluidez del tráfico se basan en unos principios y valores de convivencia. Si estás estudiando para obtener el carné o lo has conseguido recientemente, seguro que las conoces; pero si no las cumples, conocerlas no sirve de mucho. La vía pública es un espacio común que requiere solidaridad, responsabilidad y respeto.

En España la norma jurídica que regula todo lo relacionado con el tráfico es la Ley sobre Tráfico, Circulación de Vehículos a Motor y Seguridad Vial. Bajo esta Ley están los diferentes reglamentos que la desarrollan (reglamento de circulación, de vehículos, de conductores, procedimiento sancionador…).

Carné por puntos

En España tenemos un sistema de carné por puntos. Los conductores con más de tres años de experiencia (y sin sanciones que conlleven pérdida de puntos) tienen, de salida, 12 puntos o “créditos”. Según la gravedad de la sanción, la administración te va restando puntos; y si te quedas sin puntos, ¡te quedas sin carné! Así de fácil. No olvides que los conductores noveles solo cuentan con 8 puntos.

Esta modalidad de carné es, junto a otras medidas, responsable de la disminución de los accidentes de tráfico en España durante los últimos años, pero respetar las normas por miedo a las sanciones, no es la mejor solución. Debes respetar las normas porque es lo más seguro para todos, sólo por eso.

Hablemos de velocidad

La velocidad más segura, la velocidad adecuada, está en función de muchas cosas: el volumen del tráfico, el estado de nuestro coche, el clima, nuestras condiciones físicas y emocionales…, y hay que adaptarla en cada momento a esas circunstancias.

Hay conductores que se consideran seguros porque no pasan de 100 Km/h. Pero es que 100 Km/h, aunque sea una velocidad legal, puede ser peligrosa. ¿Te imaginas circular a esa velocidad en una recta de una autopista bajo una lluvia torrencial? ¿O circulando en un atardecer contra el sol?

La velocidad debe ajustarse a las condiciones de cada momento, pero sin olvidar que hay límites de velocidad genéricos y específicos. Y no hay que olvidar tampoco que ir exageradamente lentos también puede ser peligroso e ilegal, (recuerda que la velocidad mínima en autopista, en condiciones normales, es de 60 Km/h).

Ser conscientes de la velocidad

Volvamos al colegio por un momento. ¿Recuerdas la definición física de velocidad? Seguro que sí: la distancia que recorremos en un tiempo determinado.

Este concepto viene bien para hablar de distancias de seguridad. Está claro, a más velocidad, más espacio recorremos en el mismo tiempo; luego, a mayor velocidad, más distancia de seguridad hay que dejar con el coche que nos antecede.

Recuerda la tabla del Tema 2 (atención y distracción), dónde te decíamos que se tarda 0,4 segundos en reaccionar ante un imprevisto. A 100 Km/h, en esa fracción de tiempo tan pequeña recorremos 11 m. Y a esa velocidad, un turismo medio necesita unos 60 metros para detenerse desde el momento en el que se pisa el freno. Esto te da una idea de la importancia de mantener una “distancia de seguridad” con el resto del tráfico.

Menos velocidad, más seguridad

Hay ocasiones en las que resulta aconsejable –y vital- reducir la velocidad. Unos ejemplos:

  • Cuando hay peatones o en zonas donde puede haberlos, como en las proximidades de un colegio.
  • Cerca de ciclistas.
  • En caso de deslumbramiento por el sol o por los faros de otro coche.
  • En situaciones climáticas adversas, como niebla, nieve o lluvia.
  • Al acercarse a los pasos de cebra, cruces e intersecciones, aunque tengamos prioridad.
  • En vías particularmente estrechas.
  • En carreteras muy viradas o sin arcén.
  • Si puede haber animales, domésticos o salvajes, en las proximidades.
  • En casos de tráfico muy intenso y con retenciones.

Límites de velocidad. La velocidad legal.

En casi todos los países occidentales hay límites genéricos de velocidad, es decir, límites que dependen del tipo de vía, del tipo de vehículo y de la experiencia del conductor. Ya sabes que en España, para turismos, hay un límite máximo de velocidad de 120 Km/h en autopista y autovía, 90 Km/h en carretera y de 50 Km/h en ciudad (30 Km/h en calles más estrechas).

Pero luego están los límites específicos, siempre señalizados, que atienden a las particularidades de la vía en ese punto: cruces peligrosos, desviaciones, entrada en poblaciones, curvas peligrosas y un largo etc. Estos límites son tanto o más importantes que los anteriores.

Conducir es decidir

¿Qué es decidir? Actuar de una determinada manera después de asimilar una situación concreta. Ahora suprime “decidir” y pon “conducir”, verás que la definición sirve en ambos casos. La toma de decisiones al volante es la clave para un conductor seguro y se produce en tres pasos:

  • Asimilar la información. En el capítulo de la atención ya lo comentábamos, hay que ser capaces de asimilar lo que sucede a nuestro alrededor y discriminar entre lo que importa y lo que no.
  • Aplicar tus conocimientos y experiencias. Ya “sabes lo que pasa” y te toca a ti pensar qué cosas puedes hacer y, de todas ellas, cuál es la más adecuada. Nuevamente la experiencia es un grado, pues si has vivido ya una situación igual o parecida, todo será más fácil.
  • Actuar. Pero ¡cuidado! a veces es mejor actuar bien que actuar rápido. No se trata de tener “buenos reflejos” sino reflejos entrenados y hacer lo que es más adecuado en el menor tiempo posible.

Anticipación

Conducir bien también supone anticiparse. ¿Te imaginas que supieras lo que va a pasar unos segundos antes de que suceda? Podrías ser el conductor más seguro del mundo, un conductor infalible. ¿Y cómo nos podemos anticipar? Pues “educando” nuestro instinto, aumentando la atención y poniendo en práctica nuestra experiencia.

Te ponemos un ejemplo. Circulando en caravana no mires sólo al coche que tienes inmediatamente delante, ni al que está delante de él. Mira todo lo lejos que puedas, y si ves un frenazo a lo lejos, “percibe” el riesgo de retención brusca, reduce la velocidad, pon el dedo en el interruptor de los intermitentes de emergencia, y prepárate para frenar.