Síndrome cervicobranquial al volante

Síndrome cervicobranquial al volante Síndrome cervicobranquial al volante

El síndrome cervicobranquial es un término inespecífico que describe una combinación de dolor, entumecimiento, debilidad e hinchazón en la región del cuello y del hombro. Este diagnóstico de síntomas objetivamente inexplicables fue utilizado como un sinónimo de los síntomas de muchos trabajadores de la epidemia australiana de “lesiones por esfuerzos repetitivos”, y fue un diagnóstico común en los inicios de la epidemia japonesa de síntomas de cuello y hombro en trabajadores. El término “síndrome cervicobranquial”, por lo tanto, denota una colección de síntomas en el cuello y en el brazo para los que no hay causa conocida.

Las neuralgias cervicobraquiales corresponden a la repercusión del conflicto discorradicular sobre una de las raíces del plexo branquial, principalmente C6, C7 y C8. Se produce dolor cervical irradiado al hombro, contractura de la musculatura cervical con rigidez del cuello, parestesias, debilidad muscular y disminución sensitiva y de reflejos.

Normalmente pueden aparecer síntomas de irritación de la cadena simpática como mareos, vértigos, acufenos, visión borrosa, dolor retroocular y dolor facial o mandibular. El tratamiento médico se basa en analgésicos, relajantes musculares y antiinflamatorios; si fracasa se requiere descomprensión quirúrgica.

Mientras el paciente se encuentre con síntomas como dolor, pérdida de fuerza y alteraciones sensitivas, no puede conducir. Otras recomendaciones son:

  • Un conductor que se sienta inadecuadamente al volante puede favorecer la aparición de dolor o empeorar el existente.
  • El paciente debe evitar las sillas bajas, blandas y los cojines debajo de las rodillas. El vehículo debe tener un asiento alto, cómodo, con el respaldo recto y un buen apoyo del salvacuellos.
  • El dolor y las limitaciones neurológicas o de los movimientos, harán que el médico pueda desaconsejar la conducción.
  • Si el paciente está pasando por un periodo de ansiedad o estrés, todos los síntomas se acentúan y el control del vehículo disminuye.
  • Los medicamentos utilizados en el tratamiento sintomático de estos cuadros clínicos, tienen con frecuencia efecto sedante (como es el caso de las benzodiacepinas y los tranquilizantes mayores), con lo que se desaconseja la conducción mientras se esté bajo sus efectos.
  • El médico debe advertir al paciente, que aunque haya mejorado de la sintomatología y ya pueda conducir, el tratamiento de mantenimiento le puede producir efectos secundarios importantes y peligrosos, que pueden retrasar el inicio de la conducción, hasta que las dosis disminuyan o el tratamiento se retire.

Resumiendo, mientras el paciente se encuentre sintomático no puede conducir. Se aconseja reposo y fisioterapia con masajes, seguir las recomendaciones anteriores para prevenir reagudizaciones y favorecer una mayor seguridad al volante.