La conducción con niños. Educación vial infantil

La conducción con niños. Educación vial infantil La conducción con niños. Educación vial infantil

La educación vial infantil mediante hábitos de conducta saludables es el medio más eficaz de reducir los accidentes, cuando de adultos se incorporen al tráfico activo. Los niños imitan el modo de actuar de los mayores. Por este motivo es fundamental, que el comportamiento de los adultos sea ejemplar para los más pequeños.

La educación vial infantil

Debemos enseñarles a:

  • Cruzar por los pasos de peatones y respetar los semáforos.
  • Caminar siempre por el lado más alejado de la calzada.
  • Prestar atención a la salida de talleres y garajes.
  • Abrocharse el cinturón de seguridad y conseguir que se lo pongan siempre.
  • Controlar los impulsos agresivos hacia otros conductores.
  • No tirar papeles u objetos por la ventanilla.
  • Guardar los papeles, envoltorios y botes de refresco para depositarlos en el lugar apropiado.
  • Enseñar que los mejores padres no son aquellos que corren más y adelantan a todos los demás conductores.
  • Aumentar los valores solidarios, responsables y cívicos. No sólo les estaremos educando, puede que también les estemos evitando que sufran accidentes de tráfico.
  • En definitiva, la educación vial no es más que una parcela concreta, aunque muy importante, de la educación cívica.

La conducción con niños

  • No es aconsejable tener a un niño más de 6 horas al día viajando en coche.
  • Es fundamental olvidarse de las prisas y parar a lo largo del trayecto cada dos horas, para atender las necesidades de los pequeños y permitir que estiren las piernas.
  • Hay que planificar bien el viaje, para prever las paradas, las comidas y que las costumbres de los niños no se vean alteradas más de lo preciso.
  • Antes de iniciar la marcha hay que comprobar que todas las puertas estén correctamente cerradas e impedir que los niños jueguen con las cerraduras y ventanillas durante el viaje.
  • Con la excusa del entretenimiento no hay que dejar que el niño manipule dispositivos que no debe.
  • Conviene llevar juguetes o bien practicar juegos de grupo tranquilos y didácticos (veo-veo, adivinanzas, cuentos).
  • Nunca se les debe permitir que practiquen juegos violentos que pueden distraer al conductor, y deben llevar puesto el cinturón de seguridad.
  • Tener agua y algún alimento ligero a mano siempre es práctico.
  • En el interior del vehículo, los adultos ocuparán los asientos delanteros y los niños los traseros.
  • Para que el conductor pueda estar tranquilo y concentrado, el copiloto debe encargarse de tener en todo momento atendidos los niños y bajo control.
  • Prácticas recomendables son animar a toda la familia a que participe en la planificación del viaje, consultar los mapas entre todos, ponerse de acuerdo en la hora de salida y permitir que los niños hagan su propio equipaje.
  • Si los niños se aburren, es bueno que hagan de copiloto desde el asiento posterior, leyendo los avisos y las señales de la carretera, así como las guías de viaje. Se les hará el trayecto mucho más corto.

Consejos

  • Los niños con trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad son peatones que pueden ocasionar problemas en la circulación, por no respetar las normas de cruce de calles y no prestar atención a los vehículos con el consiguiente riesgo de atropello.
  • Son niños que deben ir acompañados de una persona responsable que les enseñe continuamente las normas y les estimule en su aprendizaje.
  • En el caso de ser pasajeros, estos niños deben ser vigilados continuamente, y en viajes prolongados se deben realizar frecuentes paradas.
  • Es conveniente llevar entretenimientos y juegos dentro del coche, pero que no interfieran con el conductor.
  • Es bueno que estos niños participen del tráfico como juego, aprendiendo las señales mientras viajan. Además de educación vial, se consigue que permanezcan más tranquilos en el viaje.

Trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad (TDA-H)

El TDAH es un trastorno evolutivo de la conducta que perturba el desarrollo del sistema neuro-ejecutivo del niño, provocándole problemas de concentración y autocontrol de inhibición de comportamientos. Aunque su nivel de inteligencia sea normal, su comportamiento hace que la capacidad para aprender esté restringida.

Son incapaces de concentrarse y fijar la atención, se distraen con los estímulos externos, no siguen las instrucciones y no escuchan cuando se les habla.

Son muy impacientes pues no esperan nunca su turno, son impulsivos y se saltan las normas por su propia intranquilidad, lo que puede hacerlos incontrolables.

El déficit de atención supone un desorden organizativo en el tiempo y una falta de planificación de las acciones. El riesgo de sufrir un accidente de tráfico como peatones se duplica en estos niños.

El TDAH afecta a 1 de cada 20 niños, y no suele diagnosticarse hasta los dos años de su aparición, lo que revierte negativamente en la calidad de vida del niño al no tratarlo adecuadamente desde su inicio.

El retraso en la adquisición del lenguaje, así como falta de concentración, de rutinas de sueño o alimentación, son sólo algunas de las graves consecuencias de este trastorno. Éstas repercuten a su vez en el estado anímico del niño, provocándole ansiedad, baja autoestima, inadaptación social y fracaso escolar.