Enfermo de Alzheimer, su cuidador, y la conducción

Enfermo de Alzheimer, su cuidador, y la conducción Enfermo de Alzheimer, su cuidador, y la conducción

La enfermedad de Alzheimer se debe a un proceso degenerativo, que cursa con importante pérdida neuronal en múltiples áreas cerebrales y atrofia pronunciada del cerebro.

Hay aproximadamente en España, 800.000 pacientes con esta enfermedad.

El síntoma inicial más significativo es la pérdida de memoria, y en la primera fase no se producen alteraciones del despertar.

Los rasgos clínicos que caracterizan al paciente de Alzheimer, como la pérdida de memoria, lenguaje, cálculo, habilidades visuales y espaciales, o el poder resolver problemas, reflejan una pérdida acelerada de neuronas.

Este fenómeno compromete, de forma especial, ciertas regiones del cerebro, como el hipocampo, el sistema límbico y segmentos estratégicos de la corteza temporal, frontal y parietal.

La demencia progresa de modo constante, llegando a una situación avanzada en un plazo de 2-3 años.

Los cuidadores de estos enfermos sufren con frecuencia un gasto personal extremo, que se manifiesta con alteraciones del sueño, depresión y diversos trastornos psicológicos.

La dificultad de identificar en su fase temprana al paciente de Alzheimer debido a que las manifestaciones se consideran signos normales de envejecimiento, unido a que las personas mayores tienen miedo de padecer la enfermedad y acuden tarde a la consulta, hace que el diagnóstico médico sea difícil en el inicio del Alzheimer.

Estos problemas ocasionan que, en España, el 40% de los pacientes con Alzheimer no estén diagnosticados ni tratados.

Entre los pacientes que finalmente acuden por primera vez a una consulta médica, el 49% ya padece Alzheimer leve, el 41% lo padecen de modo moderado y el 10% grave.

Se han demostrado señales biológicas de sufrimiento de Alzheimer en necropsias practicadas a conductores de avanzada edad, aunque todavía no tuvieran manifestaciones clínicas llamativas.

Con una mayor investigación de esas “señales orgánicas”, podría definirse mejor la renovación de permisos de conducir a ciertas edades.

Un estudio de accidentes en Suecia y Finlandia encontró que una tercera parte de los conductores entre 65 y 90 años que murieron en accidentes tenían lesiones en el cerebro que estaban relacionadas con la enfermedad de Alzheimer. Además, otro 20% tenían lesiones que podían indicar una etapa temprana de la enfermedad.

Tratamiento

A pesar de que no existe una cura definitiva para el Alzheimer, actualmente se dispone de tratamientos farmacológicos que aminoran la progresión de la enfermedad y que consiguen mejorar la calidad de vida de los pacientes y de sus cuidadores.

Así, actualmente se comercializan cuatro fármacos: donepezilo, rivastigmina, galantamina y memantina.

Los inhibidores de la colinesterasa han demostrado ser eficaces frente al delirio y las alucinaciones, síntomas de la enfermedad de Alzheimer, al tiempo que consiguen aminorar la progresión de la enfermedad.

Por otro lado, se dispone de alternativas terapéuticas para estimular la función cognitiva de los pacientes.

Recomendaciones a los cuidadores de los enfermos

  • Los cuidadores de enfermos con demencia pueden ser conductores de riesgo por el cansancio, aislamiento y estrés al que se encuentran sometidos.
  • Los cuidadores deberían relacionarse con otros cuidadores para descargar emociones e intercambiar información útil, no sólo para cuidar al enfermo, sino para liberarse de la actividad psicológica del cuidado.
  • El insomnio del cuidador, que se fundamenta en la falta de descanso nocturno por la vigilancia del enfermo, es un problema con claras repercusiones para el tráfico, bien como conductor o peatón, debido a la somnolencia diurna asociada.
  • Depresión, trastornos de ansiedad, fatiga, descenso en el rendimiento laboral, etc., son algunos de los síntomas desencadenantes de enfermedad, que padecen los familiares que soportan el peso del cuidado de un enfermo de Alzheimer u otra demencia asociada a la tercera edad.
  • El cuidador al volante disfruta de un periodo de libertad que puede ser beneficioso, pero también peligroso por la relajación en el cumplimiento de las normas debido a la menor atención y concentración que estas personas cansadas manifiestan cuando conducen.
  • El gasto físico y psíquico personal del cuidador del enfermo demente le puede hacer menos tolerante con el entorno, y vulnerable en la toma de decisiones ante un imprevisto.
  • Se les aconseja que conduzcan acompañados, y si se encuentran cansados, es mejor que no conduzcan y sea otra persona la que asuma la responsabilidad al volante.

Consejos

  • La demencia es una pérdida irreversible y progresiva de la capacidad intelectual que una vez diagnosticada impide conducir.
  • Se desaconseja la conducción a estos pacientes, aunque es difícil comunicarlo a una persona que no tiene una sintomatología muy avanzada. El paciente puede resistirse a dejar de conducir por perder la independencia, pero su seguridad y la de los demás es lo más importante.
  • El médico debe sospechar posibles alteraciones en la forma de conducir si al interrogarle, el paciente refiere que se desorienta en lugares familiares, conduce demasiado rápido o demasiado lento, o desatiende las señales de tráfico.
  • Aunque aparentemente el paciente mejore, no se le puede permitir conducir.
  • Si es necesario, se recomendará a la familia que esconda las llaves del automóvil. Si tener llaves es importante para la persona, se pueden cambiar las llaves.
  • Como último recurso, se puede desactivar el automóvil. Si es necesario, se puede cambiar el coche de ubicación para que el enfermo no pueda localizarlo.
  • El peatón con deterioro cognitivo, generalmente mayor, es torpe en sus movimientos y decisiones, con actuaciones peligrosas al desplazarse por las calles y hacer cambios de dirección o sentido cuando camina.
  • Suele cruzar por sitios no recomendados y sin mirar, con alto riesgo de sufrir un atropello.
  • Los conductores suelen agobiar y asustar con pitidos del “claxon” a estos peatones con alteración global de la memoria, el pensamiento y la capacidad de juicio, favoreciendo el atropello.
  • Son peatones que deben salir a la calle acompañados del cuidador para evitar que sean atropellados.
  • Es importante que los médicos traten también a los cuidadores de los pacientes con demencia. Suelen padecer en silencio y pueden presentar limitaciones en la conducción por pérdida de concentración al volante, debido a la falta de descanso o a los medicamentos antidepresivos o ansiolíticos que toman. Los cuidadores deben ser conscientes de la interferencia del sueño y la medicación ansiolítica con la conducción.