Visibilidad reducida al volante y el movimiento de los párpados

Visibilidad reducida al volante y el movimiento de los párpados Visibilidad reducida al volante y el movimiento de los párpados

Los fenómenos atmosféricos alteran las circunstancias normales del tráfico y pueden ser causas de accidentes.

Visibilidad reducida

La niebla disminuye la visibilidad horizontal. Su presencia impide ver los objetos lejanos y difumina los contornos de los próximos. Si se suma la presencia de humo cercano, la niebla es muy peligrosa.

La visibilidad, para ver y hacerse ver, debe aumentarse encendiendo las luces de cruce y antiniebla. No se debe utilizar la luz de largo alcance, ya que el reflejo de la luz sobre las gotas de agua en suspensión dificulta aún más la visión.

Es muy probable que la niebla aumente la posibilidad de “patinar” en caso de frenazo y que no se pueda ver qué ocurre por delante del vehículo que nos precede. Evidentemente esto puede obligar a ir a una velocidad reducidísima pero, en este caso, como en todos, hay que ponerse del lado de la seguridad.

La lluvia reduce más la visibilidad cuanto más pequeñas sean las gotas, por lo que la llovizna será más peligrosa que la lluvia fuerte con gotas gruesas.

Con lluvia, se suma a la falta de visibilidad por la distorsión de la luz de los faros las salpicaduras del vehículo que llevamos delante y el incremento del deslumbramiento.

La nieve reduce la visibilidad directa, sobre todo cuando el viento e incluso el desplazamiento del aire, al pasar a nuestro lado otro vehículo, produce remolinos.

Con la nieve, el rendimiento visual es mucho menor al reducirse los contrastes luminosos. En ocasiones, se pierden los límites de la carretera, y nos es imposible diferenciar las señales orientadoras.

Consejos

  • Se debe accionar el limpiaparabrisas de vez en cuando y mantener ventilado el habitáculo para evitar que las lunas se empañen.
  • El adelantamiento se hace especialmente peligroso, y no se debe intentar hasta tener suficiente visibilidad al frente. Además, incluso en este caso, en sentido contrario puede venir un vehículo con las luces apagadas y encontrárnoslo literalmente encima.
  • Si la lluvia es intensa, no hay que olvidar encender las luces de cruce, no tanto para ver mejor sino para que nos vean. Por la misma razón, si es difícil que nos vean los que circulan por detrás, se debe encender también el alumbrado trasero de niebla.
  • Con niebla, se deben conectar las luces de cruce y antiniebla, no encender la luz de largo alcance, disminuir la velocidad adaptándola al campo de visión creado y aumentar la distancia con el vehículo precedente. Debemos poner máxima atención apagando la radio y creando un ambiente silencioso.
  • En condiciones climatológicas adversas hay que disminuir la velocidad, aumentar la distancia de seguridad y mejorar la visibilidad con las luces.

Motilidad palpebral

La ptosis es una posición anormalmente baja del párpado superior que también puede reducir la visibilidad. Normalmente el párpado cubre 2 mm de la córnea, por lo que una ptosis de 4 mm o más se considera grave restando visibilidad.

El origen de la ptosis palpebral puede ser congénito o adquirido, de causa aponeurótica, mecánica, neurógena por parálisis del III par craneal, óculo-simpática en el síndrome de Horner, sincinética en el síndrome de Marcus-Gunn con disminución o aumento de la ptosis con el movimiento del maxilar inferior. De origen miógeno congénito o adquirido como en la miastenia Gravis, la distrofia miotónica y la oftalmoplejia externa.

Si la ptosis no afecta al área pupilar no alterará ni la visión ni el campo, y el conductor no tendrá que adoptar posturas compensatorias como la hiperextensión de la cabeza y la elevación de las cejas.

El lagoftalmos, por imposibilidad del cierre palpebral completo, tiene el riesgo secundario de queratopatía por exposición, presente en casos de parálisis faciales, con ulceraciones en la córnea que pueden dejar cicatrices alteradoras de la agudeza visual.

La inversión del párpado o entropión y la eversión o ectropión pueden deberse al envejecimiento o a la presencia de cicatrices.

En el entropión, al rozar las pestañas con el globo ocular, se produce irritación que puede provocar úlcera en la córnea. El ectropión produce mal drenaje de las lágrimas y como consecuencia, enrojecimiento e irritación. Ambos incapacitan en gran medida para conducir. En ambos casos, la cirugía mejora el cuadro clínico y la conducción.

Las sustancias que inducen depresión del sistema nervioso central, como alcohol, barbitúricos, ansiolíticos, cocaína, marihuana o heroína, pueden también producir disminución de la frecuencia del parpadeo, de su amplitud o de ambos, modificando el mecanismo de distribución de la película lagrimal. Ésta es necesaria para el correcto intercambio de oxígeno y metabolitos en la córnea, y su falta produce irritación de la córnea y gran fatiga ocular.

Consejos

  • Las personas con ptosis (caída del párpado superior) o lagoftalmias (el músculo pierde fuerza impidiendo el cierre total de los párpados) pueden consultar con el oftalmólogo su influencia en la capacidad visual, y con el informe emitido, solicitar el permiso de conducción.
  • La corrección quirúrgica de las ptosis y lagoftalmos anula las limitaciones existentes hasta ese momento en el permiso de conducción.
  • Los conductores deben ser conscientes de que existen efectos secundarios de ciertos medicamentos sobre el movimiento de los párpados y su riesgo al volante.
  • No se puede conducir si se ha consumido alcohol o drogas de abuso.