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¿Qué debo hacer como docente si sospecho o sé que un alumno está siendo acosado?

Como docente, tu papel es clave para detectar, intervenir y proteger a los estudiantes. Un docente implicado observa atentamente las conductas de sus estudiantes. Entre los indicadores de alerta para detectar a una víctima de acoso caben destacar: señales de agresión física en su cuerpo; perdida o deterioro de sus pertenencias; conductas de miedo, huida y evitación (falta a clase, oculta el problema, no informa a los adultos de lo que le está sucediendo, en los recreos se coloca cerca de los adul-tos…); problemas en el rendimiento académico (muestra altibajos y/o descensos significativos en su rendimiento); absentismo escolar o rechazo a acudir a la escuela; dificultades en las relaciones sociales (no tienen amigos, no le invitan a las fiestas de cumpleaños, suele estar solo en el patio); conductas depresivas (muestra tristeza, apatía, indiferencia, pesimismo, poca comunicación, llora con facilidad); conductas ansiosas (manifiesta nerviosismo, angustia, estrés, pueden llegar a sufrir ataques de pánico, alteraciones en el sueño); inestabilidad emocional (tiene humor inestable, alterna momentos de tristeza-apatía-indiferencia con irritabilidad-agresividad, o de relajación y tensión); síntomas psicosomáticos y psicológicos (con frecuencia tiene enfermedades -dolores de cabeza, de estómago, vómitos, malestar generalizado, mareos… problemas alimentarios, tartamudez…); signos de alteración ante los dispositivos electrónicos (parece alterado después de estar en el ordenador, de ver un mensaje en el móvil, o de recibir una llamada).

Si observas algunas de estas conductas que te permitan sospechar que pueda tratarse de una situación de acoso, lo primero es hablar con el estudiante. Es importante buscar un lugar tranquilo, seguro y sin interrupciones, utilizando un tono cálido, cercano y sereno, plantearle preguntas no invasivas y centradas en su bienestar. Puedes trasmitirle lo que has observado y preguntarle si está siendo acosado, y, en caso afirmativo, que te cuente todo lo que le ha sucedido: ¿Quién te aco-sa (agrede, humilla, excluye…)? ¿Quiénes son? ¿Qué te hacen? ¿Desde cuándo? ¿Cómo se comportan los observadores? ¿Qué has hecho para afrontar esta situación? ¿Se lo has contado a alguien? ¿Qué efectos o consecuencias está teniendo en ti? ¿Cómo te sientes? ¿Tienes problemas para dormir o concentrarte en clase? ¿Has tenido ideas de hacerte daño para terminar con esa situación?… Si se trata de ciberacoso se pueden analizar las pruebas (correos electrónicos, fotos, vídeos). Es importan-te escucharle con atención y sin juzgar, hacerle sentir que es positivo contarlo, que no es su culpa, asegurarle que no está solo y que vas a ayudarle, preguntarle que le haría sentir más seguro en ese momento, que le parece que se debería hacer… sabiendo que, aunque para ayudarle quizás tengas que contar lo que te ha trasmitido al equipo directivo, psicólogo educativo, familia…

A la víctima hay que protegerla, validarla y empoderarla, y para ello se sugiere: (1) Escuchar con atención y empatía, sin interrumpir ni minimizar lo que cuenta; (2) Evitar culpabilizar o hacer preguntas que culpabilicen; (3) Transmitir apoyo y confianza, asegurando que no está solo/a y que el profesorado y el centro van a actuar para que esa situación cese; (4) Garantizar su seguridad, reorganizando espacios o rutinas si es necesario (por ejemplo, cambiando grupos o acompañando en los recreos); (5) Fomentar su autoestima y su sentido de pertenencia al grupo, animándolo a participar en actividades donde se sienta valorado; (6) Favorecer redes de apoyo, promoviendo vínculos positivos con otros compañeros/as; (7) Mantener un seguimiento activo, preguntando regularmente cómo se siente y observando si hay mejoras o retrocesos; y (8) Derivar al equipo de orientación (psicólogo/a) o a servicios externos para terapia si presenta signos de daño psicológico persistente (ansiedad, retraimiento, somatización, ideación suicida, etc.).

Una vez detectada la situación de acoso es fundamental comunicar la situación a la dirección del centro, así como al psicólogo-a/ orientador-a, para solicitar la activación del protocolo antibullying. El protocolo comienza con una fase de investigación y valoración del caso para hacer un diagnóstico, realizando entrevistas con todos (víctima, agresor/es, familias de ambos, compañeros/as, docentes…). Con la información recogida se elabora un informe clarificando la naturaleza, intensidad, duración, difusión y gravedad de la situación, estudiantes implicados, efectos producidos, características de los dispositivos utilizados… Posteriormente, en base al análisis de la situación, se diseña un plan de intervención que se llevará a cabo. Con la víctima: aportándole apoyo y medidas de protección inmediatas, garantizando que la víctima se sienta segura en el aula, en los espacios comunes del centro, duran-te los desplazamientos… Con el agresor: haciéndole reflexionar sobre su conducta y controlando el cese de la misma. Con los compañeros/ as: realizando actividades para fomentar la empatía con la víctima, la protección de la misma y el control del agresor. Con las familias de la víctima y del agresor/es, con una actitud empática y colaborativa, aportando orientaciones sobre indicadores relevantes de comportamiento y pautas de atención, apoyo y seguimiento. Después de implementar el plan de intervención, se procederá a realizar una evaluación de la eficacia de las medidas aplicadas que implica la valoración de la situación de la víctima y del agresor/es (comprobar que el acoso ha cesado), y también de las actuaciones desarrolladas a nivel de aula, en todo el centro, de formación del profesorado, sensibilización con las familias…

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