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¿Qué debo hacer (y qué no debo hacer) si el alumno me cuenta algo relacionado con un posible abuso sexual?
— Escuchar a un alumno que confía en nosotros para contar algo tan doloroso como un abuso sexual es, quizá, uno de los momentos más serios y más humanos a los que nos enfrentamos como educadores o adultos responsables. En ese instante, no somos sólo profesores ni orientadores, somos su punto de apoyo, su primer refugio, su primera esperanza.
— Lo más importante en esos minutos, que para él pueden ser interminables, es acoger su relato con serenidad. No con frialdad, porque sería deshumanizante; pero sí con esa calma que sostiene y no desborda.
No hacer preguntas invasivas, no interrogar ni hurgar en detalles, no apresurarle con nuestro propio nerviosismo. Tampoco gesticular con horror ni con duda, nuestras manos, nuestro rostro, nuestras palabras deben transmitirle que lo que cuenta es creído, que lo que siente importa y que lo que ha vivido no lo define ni lo condena.
— Hay frases que, dichas con verdad, pueden marcar su camino que se inicia en la compañía de quienes tenemos el deber y la responsabilidad de sostener su historia: “Gracias por confiar en mí para contarlo. Sé que no es fácil.” “Esto no es tu culpa. Nada de lo que haya pasado la justifica.” “No estás solo. Vamos a hacer todo lo que esté en nuestras manos para protegerte.”
— Pero también es esencial no prometer lo que no podemos cumplir. No podemos prometer silencio, porque denunciar y activar los protocolos es no sólo nuestra obligación legal, sino también nuestro deber ético: cuidar de él pasa por involucrar a las personas y servicios encargados de protegerle. Y no podemos prometer soluciones mágicas, porque este camino suele ser largo y difícil, aunque siempre posible de recorrer, en compañía, favoreciendo un espacio seguro que su experiencia le robó.
— El mensaje que debemos transmitirle, con honestidad y ternura, es que no está solo, que no tendrá que enfrentarse a esto sin compañía, y que vamos a actuar con él y para él.
— En situaciones así, la rapidez con la que gestionemos la situación es tan importante como la delicadeza con la que le escuchemos. Actuar sin demora no significa atropellar ni presionar, sino coordinarse con las instancias adecuadas, asegurar su protección inmediata, y garantizar que no quede a merced de quienes le han herido ni de su propio miedo.
— Después vendrán otros pasos, hablar con los servicios especializados, acompañarle a quien corresponda, explicar lo necesario sin exponerle más de la cuenta. Pero lo que nunca debe olvidar es que, en ese primer momento, alguien le miró a los ojos, le escuchó con respeto y le devolvió un poco de la dignidad que el abuso quiso arrancarle.
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