Inicio > Vademecum Salud Mental > Acoso, violencia y malos tratos > ¿Qué tipo de apoyo psicológico necesita el alumno acosado? ¿Y el agresor?

49

¿Qué tipo de apoyo psicológico necesita el alumno acosado? ¿Y el agresor?

Cuando un alumno ha sido acosado, rara vez llega a nosotros intacto. Suele venir herido, con la sensación de que su valía se ha hecho añicos, de que el suelo bajo sus pies ya no es seguro. A veces llega en silencio, con la mirada baja; otras, con rabia contenida; otras más, con una tristeza que apenas se atreve a mostrar. Lo que más necesita en ese momento no son palabras vacías, ni promesas huecas, sino gestos que le devuelvan su dignidad: saber que alguien le cree, que alguien está dispuesto a defenderle y a cuidarle sin condiciones.

Escucharle con calma, sin minimizar ni dramatizar, es una primera forma de reparar. No hace falta tener todas las respuestas de inmediato, pero sí transmitir con claridad que no está solo, que no es culpable de lo que ha sufrido, y que vamos a hacer todo lo necesario para poner fin a lo que le hace daño. Es importante no caer en la tentación de pedirle explicaciones innecesarias ni de exponerle más de la cuenta; bastante ha soportado ya.

Después, conviene acompañarle para que, poco a poco, pueda elaborar lo ocurrido y recuperar la confianza: en sí mismo, en sus compañeros, en los adultos que le rodean. Esa recuperación no sucede en un día ni en una semana. Hay que estar atentos a su silencio cuando ya no hable del tema, porque a menudo las heridas se esconden y aparecen más tarde, cuando la atención inicial ha desaparecido.

El agresor, por su parte, también necesita apoyo, aunque desde otro lugar. No basta con castigarle, porque muchas veces debajo de esa conducta hay miedo, carencias, frustración, o una rabia que no sabe cómo manejar. Castigar sin más sólo enseña a esconder el daño, no a repararlo. También él necesita entender el dolor que ha causado, responsabilizarse de sus actos, y aprender formas distintas, más sanas, de relacionarse. En ocasiones, también necesitará ayuda profesional para comprender y canalizar lo que le empujó a herir.

Ambos, víctima y agresor, necesitan seguimiento, mediación y, a veces, ayuda externa. No para que “todo vuelva a ser como antes”, porque a veces eso ya no es posible ni deseable, sino para que el aula vuelva a ser un espacio de convivencia real, donde el silencio no sea el precio de la paz, sino la calma después de la tormenta.

Como adultos, no podemos elegir lo que ha pasado, pero sí podemos elegir qué hacemos con ello. Podemos decidir convertir esa experiencia dolorosa en una oportunidad para que ambos, y el grupo entero, aprendan algo más sobre la dignidad, la justicia y la reparación. Porque, al final, lo que repara no es el castigo ni el olvido, sino la sensación de que alguien nos ha mirado de verdad nos ha escuchado y nos ha acompañado a recuperar la fe en nosotros mismos y en los demás.

Una iniciativa de

Grupo Anaya
Siena
Fundación MAPFRE