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El niño de corta edad que muestra rasgos evidentes de violencia. Abordaje
La mayoría de las veces presentan cambios de comportamiento bruscos, se muestran hipervigilantes, con falta de aseo y comienzan a aislarse del grupo.
Pueden presentar apatía o menor interés en las tareas escolares, regresiones o incluso en los casos más graves, autolesiones o ideas autolíticas. Desde el entorno escolar, será importante que los docentes observen, escuchen y hablen con el menor para ver que está sintiendo y que le motiva a actuar así. Serán muchas las ocasiones que se intentará hablar y la respuesta sea negativa, de evitación o el niño o niña mienta o esté en silencio. De gran importancia será construir un vínculo fuerte para que pueda confiar en el adulto y se sienta seguro.
El profesor tendrá que ser afable, buscar momentos que favorezcan el diálogo y confidencialidad y no interrogar al niño.
Será clave que los docentes estén preparados y capacitados en la detección de señales de alarma y que el Centro disponga de un protocolo de actuación y derivación a profesionales especializados u organismos competentes.
Si el menor no puede o no quiere poner palabras a aquello que le está ocurriendo son muchas las herramientas que el profesorado puede utilizar, como el dibujo, a través del juego, del modelado, dinámicas en el aula que aborden situaciones de violencia.
Por último, señalar que es fundamental hablar con las familias para poner en conocimiento lo que está ocurriendo y acompañarlos.
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