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¿Cómo debemos intervenir con el alumno acosador? ¿Y con los que lo observan sin intervenir?

Con el acosador o acosadora el objetivo es frenar la conducta violenta, hacerle consciente del daño causado y promover el cambio, ya esta conducta también afecta negativamente a su desarrollo y salud mental. Para ello se sugiere: (1) Evitar humillar o etiquetar al alumno/a (“eres un agresor/a”), centrándose en los hechos y sus consecuencias; (2) Hablar de forma firme pero respetuosa, dejando claro que su comportamiento no es aceptable ni tolerado, que debe terminar, y que también le daña a él; (3) Ayudarle a tomar conciencia del daño causado, preguntando por el punto de vista de la víctima:

“¿Cómo crees que se sintió tu compañero/a cuando ocurrió esto?”;

(4) Aplicar las medidas disciplinarias que correspondan, según el reglamento del centro, sin que sean únicamente punitivas; (5) Implicar a la familia, manteniendo una comunicación fluida orientada a la colaboración; (6) Reforzar los comportamientos positivos, por mínimos que sean, para abrir vías de cambio; (7) Explorar causas subyacentes, como problemas familiares, necesidad de control, inseguridad, baja autoestima, dificultades de empatía o habilidades sociales; y (8) Derivar al equipo de orientación (psicólogo/a) que podrá diseñar una intervención más profunda si es necesario, y/o a servicios psicológicos externos para diagnóstico y terapia.

Con los testigos pasivos, que refuerzan la conducta del agresor por omisión, es importante trabajar con ellos para transformar la dinámica del grupo. Para ello se sugiere: (1) Visibilizar su papel, haciéndoles ver que al callar o mirar hacia otro lado están legitimando el acoso, que ellos también son una parte importante de la situación de acoso; (2) Reflexionar con el grupo-clase sobre las consecuencias del acoso (para las víctimas, los agresores y los observadores) y el valor de actuar frente a la injusticia; (3) Fomentar la empatía, utilizando dinámicas de rol, libros o películas para ponerse en el lugar de la víctima; (4) Ofrecer 

herramientas para actuar, por ejemplo, avisar a un adulto de confianza, acompañar y proteger a la víctima, manifestar desaprobación al agresor sin entrar en un conflicto directo; dejar información de forma anónima en un buzón situado en el centro…; (5) Reconocer y reforzar las conductas prosociales, para que el grupo entienda que intervenir positivamente tiene valor y consecuencias, que trasmitir lo que se observa no es ser “un chivato”, sino un compañero solidario; y (6) Promover normas de respeto y responsabilidad compartida.

La clave es intervenir con todo el grupo. Aunque el acoso parezca un asunto “entre unos pocos”, es una dinámica grupal, y el trabajo con el grupo-aula es imprescindible para prevenir recaídas y mejorar la con-vivencia. El docente debe implicar a todo el grupo, junto con el equipo de orientación y convivencia del centro. Un modo de hacerlo es evaluar de forma sistemática para detectar situaciones de este tipo, y también implementar sistemáticamente actividades de programas de prevención, por ejemplo: Programa CIP: Concienciar, Informar y Prevenir (Cerezo et al., 2011), CONRED: Conocer, construir, convivir en Internet y las redes sociales (Del Rey et al., 2012), Cyberprogram 2.0: Un programa de intervención para prevenir y reducir el cyberbullying (Garaigordobil y Martí-nez-Valderrey, 2014), Safety.net: Programa de prevención de múltiples riesgos en Internet (Ortega-Baron et al., 2024), etc.

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