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¿Qué papel deberían tener las pantallas en educación desde el punto de vista de la salud mental?

El papel de las pantallas en la educación, visto desde la salud mental, es complejo y debe abordarse con matices. No se trata de eliminarlas ni de usarlas sin límite, sino de integrarlas de forma consciente, equilibrada y pedagógicamente justificada.

Principales puntos a tener en cuenta

Beneficios potenciales para la salud mental

Acceso a recursos variados y personalizados: puede favorecer la motivación, la autonomía y la inclusión (especialmente en estudiantes con necesidades específicas).

Aprendizaje interactivo: estimula la creatividad y la colaboración,
reduciendo la ansiedad en quienes prefieren dinámicas más activas.

Conexión y apoyo social: en contextos virtuales, permite mantener vínculos con pares y docentes, lo que protege contra el aislamiento.

Herramientas de autocuidado: existen apps y plataformas educativas que enseñan gestión emocional, mindfulness o hábitos saludables.

Riesgos si no se regulan

Sobrecarga cognitiva y fatiga mental: demasiadas horas frente a pantallas afectan la concentración y aumentan el estrés.

Ansiedad y distracción: la hiperconexión puede generar dificultades para mantener rutinas sanas y un ambiente de calma en el aprendizaje.

Problemas de sueño y regulación emocional: sobre todo si el uso de dispositivos se extiende a la noche.

Comparación social y baja autoestima: cuando las pantallas se usan con fines no estrictamente educativos (redes sociales, exposición constante).

Recomendaciones desde la salud mental

1. Uso intencional y no mecánico: la pantalla debe ser un medio, no un fin.

2. Equilibrio con actividades analógicas: fomentar lectura en papel, escritura manual, juegos y deportes.

3. Pausas activas: aplicar la regla 20-20-20: cada 20 minutos, mirar algo a 20 pies (6 metros) durante 20 segundos.

4. Fomentar la educación digital crítica: enseñar a los alumnos a diferenciar recursos útiles de distracciones dañinas.

5. Horarios claros y límites de exposición: especialmente en primaria y secundaria.

6. Espacios de reflexión emocional: promover actividades fuera de pantalla que fortalezcan la resiliencia, la empatía y la regulación emocional.

En resumen: las pantallas en la educación deben ser herramientas de apoyo, no sustitutos de la experiencia humana. Bien utilizadas, potencian el aprendizaje y la salud mental; mal gestionadas, pueden convertirse en un factor de riesgo. Pero por encima de todo, los menores necesitan de las experiencias reales vividas por ellos mismos.

Principios transversales en todos los niveles

Pantallas como herramienta, no como fin.

Alternar digital y analógico para proteger la mente y el cuerpo.

Pausas regulares para evitar fatiga visual y mental.

Educación emocional y digital crítica en cada etapa.

Modelar con el ejemplo; familias y docentes deben mostrar un uso saludable de las pantallas.

Una iniciativa de

Grupo Anaya
Siena
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