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¿Qué hacer para prevenir y cómo afrontar el uso problemático de internet y las redes sociales desde el aula y desde la familia?
El uso de internet y redes sociales forma parte de la vida cotidiana de niños, niñas y adolescentes, pero su uso excesivo o inapropiado puede afectar a su desarrollo y salud mental. Para prevenir y abordar el uso problemático de internet y las redes sociales (UPI-RS) es clave una acción conjunta entre escuela y familia. Compartir criterios, hablar un lenguaje común y apoyarse mutuamente evita contradicciones y protege el bienestar del menor.
¿Qué hacer desde la escuela para prevenir el UPI-RS?: (1) Educar en el uso responsable y crítico: Dedicar sesiones a trabajar la identidad digital, la privacidad, el respeto en redes y la veracidad de los contenidos. Promover el pensamiento crítico y la alfabetización mediática; (2) Fomentar el equilibrio digital: Animar a alternar el tiempo online con actividades offline (juegos, deportes, arte, conversación.). Reflexionar con el alumnado sobre cómo se sienten después de pasar tiempo en redes: ¿les suma o les resta?; (3) Integrar el tema en proyectos y tutorías: Incluir temas como el bienestar digital, la adicción a pantallas o el impacto de la exposición en redes sociales. Utilizar dinámicas participativas: debates, análisis de casos, testimonios reales, campañas escolares…; (4) Implementar programas de prevención y educación digital para el alumnado y para las familias: Talleres sobre el uso responsable de pantallas dirigidos al alumnado, donde se hable de los riesgos, los beneficios, la gestión del tiempo y las redes sociales de forma saludable, y donde se elaboren normas de uso de dispositivos, de forma participativa, que el alumnado también entienda el porqué de las normas en el centro educativo. Conferencias y talleres de formación para familias donde se hable sobre cómo gestionar el uso de pantallas en casa, establecer límites y comunicarse con sus hijos; (5) Ser un modelo de uso saludable: Usar la tecnología en el aula con un propósito claro y pedagógico. Mostrar autocontrol digital y respeto por la desconexión; y (6) Detectar señales de VPIRS y/o administrar instrumentos de evaluación para identificar el problema: Es necesario observar en el aula, en los recreos, y en la interacción con sus compañeros/as, la persistencia y frecuencia de diversas señales (bajo rendimiento, fatiga en clase, desconexión social, irritabilidad cuando no acceden a redes, dificultad para desconectarse.). Es importante que los docentes tengan conciencia sobre los riesgos del uso excesivo de pantallas y cómo afecta a la salud mental de los jóvenes.
¿Qué hacer desde la escuela para intervenir después de haberse detectado el problema?: (1) Hablar con el estudiante y escucharle sin juzgar ni culpar: Evitar las discusiones en caliente, elegir el momento y lugar adecuados (buscar un momento en el estén relajados y puedan hablar sin interrupciones). Conversar de forma empática y no acusatoria (sin criminalizar el uso de pantallas, centrándose en cómo le hace sentir, expresar preocupación y no crítica-he notado que últimamente te veo [cansado/ distraído/más irritable], y me preocupa cómo te sientes, me pregunto si el tiempo que pasas con las pantallas podría estar influyendo-. Escuchar activamente y fomentar el diálogo (explorar cómo usa las redes, las razones de uso y cómo se siente al usarlas). Fomentar la autorreflexión sobre las consecuencias del uso problemático; (2) Ofrecer actividades alternativas: Animar a que participen en actividades que impliquen interacción social presencial, ejercicio físico, lectura u otros hobbies; (3) Informar y derivar al departamento de orientación (psicólogo/a escolar): Si se evidencia una dependencia o un problema emocional relevante, es fundamental que el docente informe a los especialistas del centro, quienes podrán realizar una evaluación más profunda, proporcionar apoyo emocional, diseñar planes de intervención individualizados, coordinar con la familia y, si es necesario, derivar a servicios externos de salud mental; (4) Activar protocolos de actuación del centro: Los colegios deben tener protocolos claros sobre cómo actuar ante un uso problemático de pantallas, incluyendo los pasos a seguir para la detección, el diálogo con el alumno y la familia, y la derivación; y (5) Comunicación con la familia: Informar a la familia sobre las observaciones y preocupaciones, sugiriendo un enfoque colaborativo.
Qué hacer desde la familia para prevenir el UPI-RS? ¿Qué pueden hacer los padres y madres para prevenir los peligros de las Tecnologías de la Relación, la Información y la Comunicación (TRIC)? Ante todo, no hay que demonizar las TRIC. La solución no es prohibir, sino educar para prevenir, educar y controlar. La educación digital (para educar en un buen uso de las pantallas) comienza en la familia. Además, para prevenir problemas con el uso de internet y las redes sociales la familia puede: (1) Involucrarse en el uso que hacen sus hijos/as de Internet y las redes sociales: Estableciendo normas claras de uso, por ejemplo, definir y consensuar tiempos, espacios y momentos de uso (no durante las comidas ni en el dormitorio), supervisando los contenidos a los que acceden sin invadir la privacidad (dialogar, no espiar), impulsando el uso responsable de la cámara web, educando en el control de envío de fotos/vídeos personales y de otros (no enviar fotos ni vídeos personales a ningún desconocido y solicitar permiso si se va a difundir la imagen de otro); (2) Fomentar el diálogo y el acompañamiento digital: Hablan-do con naturalidad sobre lo que ven y hacen en internet, interesándose por sus gustos, sus referentes y sus hábitos digitales. Es importante establecer un diálogo permanente, sobre los aspectos positivos del uso de la tecnología y sobre los posibles riesgos (grooming, sextorsión, adicción…); (3) Ofrecer alternativas reales al ocio digital: Proponiendo planes compartidos sin pantallas (deporte, paseos, juegos en familia, juegos de mesa, aficiones, actividades en la naturaleza, actividades artísticas…), y valorando el descanso y la desconexión; (4) Ser un modelo adecuado del propio uso digital: Evitando la sobreexposición de la vida familiar en redes, mostrando que se puede estar sin el móvil y disfrutar del momento presente, de la comunicación familiar; (5) Promover la autoprotección, enseñarles habilidades digitales: La necesidad de ser cuidadosos con los datos que faciliten en Internet, publiquen en las redes sociales o proporcionan a través de los servicios de mensajería instantánea; (6) Utilizar variadas estrategias de mediación parental, que tengan en cuenta la edad de los hijos/as: Por ejemplo, la regulación activa (conversaciones dirigidas a instruir, informar o discutir sobre el contenido y los riesgos de las TRIC, incluyendo tanto estrategias positivas -formas de enseñanza, pautas- como negativas -críticas sobre el
uso de las TRIC y sus posibles riesgos); la regulación restrictiva (establecimiento de normas restrictivas sobre el uso, el contenido, el tiempo o los lugares de conexión); el control o supervisión parental de los de menor edad (actividades de control parental, como revisar el historial de navegación en internet, consultar correos electrónicos o mensajería, etc.); el monito-reo de software (uso de software de control parental capaz de supervisar, limitar o restringir el acceso e interacciones en cualquier dispositivo); y el co-uso (co-juego, co-visualización o co-navegación, participación conjunta con el hijo/a en el uso de las TRIC que promueve estrategias de modelado o imitación de conductas, a partir de compartir experiencias); (7) Promover la autoestima, la empatía, la conducta prosocial y valores ético-morales en sus hijos/as; y (8) Observar señales de alarma: Cambios de humor, aislamiento, deterioro en el rendimiento o en las relaciones personales, dependencia manifiesta- irritabilidad si no ac-cede, necesidad de revisar constantemente el móvil…
¿Qué hacer desde la familia para intervenir después de haberse detectado el problema?: Para los casos de uso problemático de pantallas, cuando hay sospecha de adicción, la intervención debe ser multidisciplinar. Entre las acciones cabe destacar: (1) Buscar ayuda profesional en el centro educativo: Contactar con el departamento de orientación del centro (psicólogo/a); (2) Derivar a servicios externos, recursos especializados en salud mental: Por ejemplo, centros de salud mental infanto-juvenil o psicólogos clínicos y terapeutas familiares privados, cuando el uso problemático de pantallas ha derivado en ansiedad, depresión, problemas de sueño graves o aislamiento severo, para que en estos centros se lleve a cabo una evaluación y tratamiento especializado (psicoterapia, terapia familiar, etc.), o unidades de adicciones comporta-mentales especializadas en adicciones sin sustancia, donde se tratan adicciones a videojuegos, redes sociales, al móvil…; y (3) Hablar con el hijo/a y escuchar sin juzgar ni culpar.
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