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¿Cómo identificar el uso problemático de internet y las redes sociales?: Indicadores o conductas que permiten identificar este problema
Detectar un uso problemático de pantallas requiere observar señales que van más allá del tiempo de uso e implican al impacto negativo en el bienestar psicológico, social, académico y físico del estudiante. El uso problemático de internet y las redes sociales (UPI-RS) se refiere a un patrón de comportamiento relacionado con el uso de las tecnologías, caracterizado por síntomas similares a la adicción, que genera dificulta-des significativas en la vida cotidiana. Estas dificultades pueden afectar negativamente a aspectos emocionales, sociales, académicos, así como la salud física y mental. Entre los indicadores o conductas que permiten identificar este problema cabe destacar:
Uso excesivo: Uso prolongado que interfiere con las responsabilidades diarias, como el estudio, las relaciones familiares y sociales, el ocio (salir con amigos, tiempo a la familia, escuchar música, hacer deporte…).
Dependencia o compulsión: Necesidad persistente de estar conectado o de usar redes sociales, acompañada de ansiedad (inquietud, dificultad para relajarse), nerviosismo, irritabilidad, enfado intenso o conductas agresivas-vio-lentas cuando no puede acceder a dispositivos. Esto puede ser una señal de síndrome de abstinencia. Utiliza los dispositivos de forma persistente en situaciones inapropiadas (durante las clases cuando debería estar realizando otras tareas, durante las comidas…). Preocupación constante, parece obsesionado, piensa constantemente en el uso de pantallas (juegos, redes sociales, etc.). Señales de dependencia (necesidad constante de revisar mensajes o redes, hipervigilancia).
Falta de control: Incapacidad para limitar el tiempo o la frecuencia de uso, incluso reconociendo sus efectos negativos, a pesar de saber que le está causando problemas (académicos, sociales, familiares, de salud). Negación del problema. Miente sobre el tiempo real que usa las pantallas, las usa a escondidas, o se vuelve evasivo si se le pregunta (discusiones frecuentes por el uso de dispositivos con la familia y en la escuela). Esta pérdida de control provoca un aumento significativo de la frecuencia y tiempo de uso, necesitando usar la tecnología cada vez más, durante más tiempo (similar a la dependencia del uso de sustancias), para obtener la misma satisfacción o euforia (tolerancia). Impulsividad (puede actuar sin pensar en las consecuencias, tanto en el uso de las pantallas, por ejemplo, publicar algo sin reflexionar) como en otras áreas de su vida.
Consecuencias negativas: (1) Problemas emocionales: Cambios bruscos de humor relacionados con la actividad digital (tras perder una partida, recibir un mensaje), estados de ánimo fluctuantes, lábiles. Utiliza las pantallas para evadirse de problemas o sentimientos negativos (ansiedad, tristeza, aburrimiento), como regulador emocional (para calmarse o desconectarse de situaciones estresantes…) lo que representan estrategias de afrontamiento no-adaptativas frente a situaciones o emociones problemáticas. Baja tolerancia a la frustración (muestra gran dificultad para manejar situaciones que no le resultan gratificantes de inmediato, debido a la gratificación instantánea que ofrecen las pantallas); (2) Impacto en el rendimiento académico y en funciones intelectuales: Descenso en el rendimiento académico. Dificultades de atención y concentración (le cuesta mantener la atención en tareas o conversaciones y deja de realizar tareas que no están relacionadas con pantallas). La naturaleza fragmentada y rápida de la información digital impacta en la capacidad de atención sostenida; (3) Aislamiento social fuera del entorno digital: Vínculos excesivos con personas que solo conoce online. Ha puesto en peligro o perdido relaciones presenciales significativas; (4) Síntomas físicos: dolor de cabeza, estómago, fatiga visual, visión borrosa, molestias cervicales recurrentes, problemas asociados al sedentarismo; (5) Problemas psicológicos: Ansiedad social o miedo a no estar conectado (FOMO), estrés, tristeza, bajo estado de ánimo persistente, depresión, apatía, descenso de actividades antes placenteras (ya no sale, no juega, no socializa fuera de lo digital), desmotivación general, desesperanza, riesgo de suicidio; Baja autoestima al compararse con lo que ve online (la exposición a están-dares de belleza y éxito irreales en redes sociales puede generar una baja autoestima o una percepción distorsionada de sí mismo); y (6) Alteración del sueño, la alimentación y la higiene: Se acuesta tarde por estar conectado, usa pantallas en la madrugada, con frecuencia, se duerme en clase. Descuida la higiene personal o la alimentación por estar frente a la pantalla, etc.
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