59
¿Cómo puedo detectar si un adolescente tiene un uso problemático de pantallas que afecte su salud mental?
El uso intensivo de pantallas en la adolescencia ha dejado de ser una excepción para convertirse en un componente estructural de la vida cotidiana de los jóvenes. Sin embargo, cuando este uso deriva en una relación disfuncional con la tecnología, especialmente con redes sociales, videojuegos u otras plataformas, puede tener implicaciones negativas sobre la salud mental, el equilibrio emocional y el rendimiento académico del alumnado. La noción de «uso problemático de pantallas» hace referencia a un patrón de conducta caracterizado por la pérdida de control, la priorización de la actividad digital frente a otras responsabilidades o relaciones, la incapacidad para reducir el tiempo de exposición y la presencia de consecuencias negativas en distintas esferas del funcionamiento diario (sueño, alimentación, relaciones, estudio, etc.). Desde el rol docente, es fundamental observar con atención señales indirectas que puedan indicar una relación problemática con las pantallas: somnolencia en clase, dificultades atencionales o hiperactividad cognitiva, irritabilidad, bajo umbral de frustración, absentismo puntual (especialmente tras actividades online nocturnas), pérdida de interés por actividades presenciales, aislamiento o deterioro de las habilidades sociales, entre otras. A nivel académico, el uso abusivo de pantallas puede traducirse en una disminución del rendimiento escolar, mayor impulsividad, procrastinación y desmotivación generalizada. En estos casos, el profesorado debe activar protocolos de observación y derivación al Equipo de Orientación, siempre desde un enfoque comprensivo y no sancionador, evitando culpabilizar al alumnado o atribuir intenciones negativas a su conducta.
Es clave recordar que el uso excesivo de pantallas puede ser tanto causa como síntoma de un malestar subyacente: ansiedad, baja autoestima, conflictos familiares, bullying o dificultades de socialización.
La detección precoz permite activar un abordaje interdisciplinar e integral, centrado en la psicoeducación, el acompañamiento familiar e implicación de estos y, en casos severos, la derivación a unidades de salud mental infanto-juvenil.
Paralelamente, se deben incorporar contenidos de alfabetización digital crítica y educación emocional al currículo, promoviendo un uso equilibrado, consciente y saludable de la tecnología. El objetivo no es prohibir el uso de pantallas, sino acompañar su integración en la vida adolescente de forma segura, autónoma y ética, por lo que la educación en el uso saludable de las TIC debe formar parte de la acción tutorial, fomentando el autocontrol, el pensamiento crítico y el equilibrio entre el mundo digital y real.
Recursos
Una iniciativa de



