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¿Cómo influye el proceso de afirmación de género en la salud mental de un adolescente?

El proceso de afirmación de género durante la adolescencia constituye una vivencia profundamente significativa que incide de forma directa en la salud mental, el desarrollo emocional y la construcción identitaria de la persona. La afirmación de género se refiere al conjunto de decisiones, expresiones, cambios y posicionamientos que una persona trans, no binaria o de género diverso lleva a cabo para vivir de manera coherente con su identidad de género sentida, ya sea a través del lenguaje, la vestimenta, el nombre, los pronombres, el cuerpo o las relaciones sociales. Este proceso, que puede comenzar de forma temprana en algunos casos, se encuentra íntimamente atravesado por variables contextuales como el apoyo familiar, la validación institucional y el reconocimiento social.

Numerosos estudios en salud mental evidencian que el sufrimiento que experimentan muchos adolescentes trans o no conformes con el género no proviene de su identidad en sí misma, sino de la experiencia de discriminación, invisibilización, rechazo o violencia que enfrentan en sus entornos más próximos. En particular, el sistema escolar puede convertir-se en un espacio de riesgo o de protección, dependiendo de la actitud del profesorado, de las políticas del centro y de la cultura del aula. La disforia de género, el estrés de minoría y la exposición constante a situaciones de maltrato verbal o exclusión pueden derivar en trastornos de ansiedad, depresión, ideación suicida o autolesiones, especialmente si no existen redes de contención emocional. Sin embargo, cuando el entorno permite una afirmación de género segura y respetada, los indicadores de bienestar psicológico se igualan a los del resto de la población adolescente.

Desde la escuela, el profesorado debe adoptar un enfoque proactivo, informado y respetuoso con la diversidad sexo-genérica. Esto implica utilizar el nombre y pronombre elegido por el alumno o alumna, garantizar el acceso a los espacios (vestuarios, baños) según su identidad de género, y generar dinámicas pedagógicas libres de estereotipos y lenguaje discriminatorio. Además, es esencial prevenir el acoso por motivos de identidad o expresión de género, mediante protocolos claros, sanciones proporcionales y una formación transversal en diversidad afectivo-sexual y de género. La colaboración con el equipo de orientación, las familias y, cuando sea necesario, los servicios de salud mental especializados en población trans, debe estar guiada por el principio de interés superior del menor, tal como establece la legislación vigente.

En el ámbito jurídico español, la Ley 4/2023, de 28 de febrero, para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos LGTBI, establece el derecho de los menores a ser tratados conforme a su identidad de género en todos los contextos, incluido el escolar, sin necesidad de informes médicos ni autorización familiar. Asimismo, muchas comunidades autónomas han desarrollado protocolos específicos de atención al alumnado trans (como el protocolo andaluz, catalán o madrileño), que regulan medidas de respeto al nombre sentido, uso de espacios diferenciados y prevención de la transfobia, promoviendo un entorno educativo seguro e inclusivo.

El respeto al proceso de afirmación de género no sólo es un derecho legal, sino también una condición indispensable para garantizar la salud mental, la autoestima y la integración social del adolescente, por lo que promover entornos educativos seguros para la diversidad de género no es una opción ética, sino una responsabilidad profesional que compromete a todo el personal docente y al centro educativo en general en la tarea de educar desde el reconocimiento y la inclusión.

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