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¿Qué estrategias pueden utilizarse para fomentar el bienestar emocional en los estudiantes?
El bienestar emocional es clave para el aprendizaje, el desarrollo y la salud mental de los estudiantes; y en la promoción del bienestar emocional del alumnado, el profesorado desempeña un papel fundamental. Para promover el bienestar emocional de los estudiantes es necesario integrar la educación socioemocional en el currículo educativo, fo-mentando el aprendizaje/desarrollo socioemocional, es decir, de competencias sociales y emocionales, como la capacidad de comunicación (comunicación bidireccional, asertiva, hábitos de escucha activa, capacidad de dialogar, tomar decisiones por consenso…); conducta prosocial (conductas sociales positivas como dar, ayudar, cooperar, compartir, consolar…); la conducta asertiva (que expresa los pensamientos y sentimientos propios sin herir los de los demás); la resolución pacífica de conflictos (basada en el diálogo, la cooperación y la negociación); la capacidad de identificar estereotipos y prejuicios que conducen a conductas de discriminación; la capacidad de identificar emociones en uno mismo y en los demás; la capacidad de comprender causas y con-secuencias de las emociones (desencadenantes emocionales, efectos de las emociones…), la capacidad de expresar emociones, de regular la expresión emocional adecuadamente (gestión de las emociones e impulsos), la capacidad de empatía hacia los estados emocionales de otros seres humanos, etc.
Existen diversas formas de integrar el desarrollo socioemocional en el currículo educativo, por ejemplo, incorporando una asignatura específica (crear sesiones semanales o diarias para trabajar competencias socioemocionales según la edad); utilizando un enfoque transversal (incluir estas habilidades en todas las materias del currículo); llevando a cabo actividades colaborativas (fomentar el trabajo en equipo, proyectos grupales y debates); utilizando la tecnología (introducir herramientas digitales que ayuden a desarrollar habilidades emocionales); y formando a padres y docentes (proveer talleres y guías prácticas para que los adultos puedan ser modelos y reforzar estas competencias en casa y en el aula).
Algunos ejemplos de actividades prácticas para el aprendizaje socioemocional: Rueda de emociones (con imágenes o tarjetas, los estudiantes eligen una emoción que hayan sentido en el día y si lo desean comparten cuándo la experimentaron); Asambleas para el diálogo emocional (espacios para hablar sobre lo que sienten, conflictos del aula o logros del grupo, promoviendo la escucha activa y el respeto); Teatro de conflictos y juegos de rol (representan situaciones problemáticas, bus-cando formas de actuar positivas, para practicar la empatía y la resolución de conflictos); El buzón (un buzón donde poder expresar de forma anónima malestares, conflictos o agradecimientos, cuyos mensajes se revisan semanalmente con el grupo para encontrar soluciones colectivas); Empatía (leer cuentos o ver vídeos que presenten personajes con diferentes emociones o situaciones de vida, y luego dialogar sobre cómo se sienten y por qué); El rincón de la calma (espacio protegido en el aula con materiales relajantes, libros, música suave…, donde los alumnos pueden acudir cuando se sienten alterados o abrumados lo que favorece su autorregulación); Caja de herramientas emocionales (actividad grupal para identificar estrategias que ayudan a calmarse -respirar, dibujar, hablar, salir a caminar…- y luego se plasman en un mural); Lecturas de cuentos sobre emociones (historias que traten emociones como la ira o la tristeza para generar diálogo); Dinámicas de grupo (actividades que refuercen el trabajo en equipo y la comunicación); o Tiempos de reflexión (al final del día, los estudiantes pueden compartir algo que les hizo sentir bien o algo que les causó malestar).
Para fomentar el bienestar emocional es importante crear un en-torno escolar seguro y de apoyo (ambiente donde los estudiantes se sientan valorados, seguros y escuchados), generar un buen clima afectivo (que se crea cuando se fomentan relaciones basadas en el respeto, la empatía, y la escucha activa, y cuando el aula es un espacio donde el error se percibe como una oportunidad de aprendizaje), promover un sentimiento de pertenencia (trabajando la cohesión grupal, el respeto a la diversidad y la colaboración entre iguales), fortalecer la autoestima y la resiliencia (valorando los esfuerzos y logros de los estudiantes, la dedicación más allá de los resultados, fomentando la autoeficacia, asumir desafíos, tomar riesgos y aprender del fracaso, y desarrollando habilidades de afrontamiento, estrategias para manejar el estrés y las dificultades), prevenir el acoso, el aislamiento, la exclusión (fomentando la participación activa del grupo en la detección del acoso/discriminación y en el apoyo a los excluidos), comunicar de forma cercana, atendiendo al lenguaje verbal y no verbal (utilizar un tono cálido, gestos de cercanía y una mirada atenta), y conocer al alumnado más allá del rendimiento académico (interesarse por los intereses, el en-torno familiar, la historia personal… del alumnado fortalece la relación y permite detectar con mayor facilidad señales de malestar, identificar signos de problemas de salud mental y hablar y/o derivar si fuera necesario a profesionales de la salud mental).
Además, el bienestar físico está intrínsecamente ligado al bienestar emocional, por lo que para promover el bienestar emocional es importante estimular hábitos saludables de vida, por ejemplo, la práctica regular de deporte y juego libre (esenciales para liberar tensiones y mejorar el estado de ánimo); educar sobre la importancia de una dieta equilibra-da y un sueño adecuado para el funcionamiento óptimo del cerebro y el bienestar general; y concienciar sobre los efectos de la sobreestimulación digital, enseñando a los estudiantes a gestionar su tiempo en pantallas para evitar problemas como la ansiedad o la falta de sueño.
Finalmente, es importante reconocer que el bienestar de los docentes influye directamente en el bienestar de los estudiantes. Es fundamental que los educadores también cuenten con apoyo, formación y recursos para cuidar su propia salud mental. Un profesorado emocionalmente equilibrado transmite mayor seguridad, contención y coherencia emocional. Y para ello, la formación continua en competencias socioemocionales (herramientas de gestión de aula, educación emocional y acompañamiento) puede aumentar la eficacia en la intervención. Además, el bienestar emocional y la salud mental de los estudiantes es una responsabilidad compartida entre la escuela y la familia. Por consiguiente, es necesario mantener una comunicación abierta con las familias, establecer canales de comunicación fluidos para compartir información, detectar señales tempranas de problemas y trabajar juntos en la búsqueda de soluciones cuando se detecten problemas.
Al implementar estas estrategias de forma coordinada y continua, los centros educativos pueden convertirse en pilares fundamentales para el desarrollo del bienestar emocional de los estudiantes, preparándolos no solo académicamente, sino también para afrontar los desafíos de la vida con confianza y resiliencia.
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