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¿Cómo gestiono las conductas disruptivas en el aula cuando sospecho que hay un problema emocional de fondo?

Con frecuencia hay niños y adolescentes que están atravesando dificultades emocionales y no saben y/o no pueden expresarlas. En lugar de verbalizarlas, las manifiestan a través de conductas desafiantes en el hogar, con los amigos y en el aula.

Su malestar interno se traduce en este tipo de conductas y no tanto en palabras o en una gestión adecuada emocional. En ocasiones, no han aprendido a identificar y nombrar lo que sienten.

Otras veces, sienten miedo al rechazo de terceros o que sean juzgados por su grupo de iguales.

También hay otros niños o adolescentes que expresar emociones puede hacerles sentir vulnerables.

Temen que su grupo de iguales les señales como “débiles” o “raros”, lo que les lleva a esconder sus sentimientos y creencias. Quieren “encajar” en el grupo, así que prefieren camuflar sus emociones o aparentar indiferencia. Por último, pueden encontrarse en espacios poco seguros emocionalmente, donde no haya una comunicación fluida o se invaliden ciertos sentimientos.

Crear espacios seguros, fomentar la escucha activa y validar sus emociones sin juzgar puede marcar una gran diferencia.

En el aula, será imprescindible que se cree un ambiente positivo, establecer reglas claras y consistentes y utilizar el refuerzo positivo ante comportamientos deseados.

Muy deseable será tener espacios y buscar momentos para escuchar a los alumnos con tranquilidad.

De ayuda también puede ser el colaborar con los padres, preguntar si están observando cambios en el hogar o si ha ocurrido algo significativo en el ambiente familiar o más cercano (enfermedades, fallecimientos, separaciones, cambios de trabajo, estrés familiar…).

Además, hablar con otros profesores y profesionales nos puede aportar más información y tener un enfoque más integral y coordinado.

La intervención psicopedagógica apoyará el desarrollo emocional y la creación de alternativas constructivas.

Ofrecerle nuestro apoyo, tenderle una mano. Ser paciente, ya que generalmente rechazan la ayuda en un primer momento pero deben saber que estamos ahí para cualquier momento que lo necesiten.

Lógicamente, abordar un trastorno de conducta requiere de mucha sensibilidad, estrategia y constancia. El alumno no debe sentirse controlado sino entendido. Será muy beneficioso anticiparse a la conducta, reforzar lo positivo y en momentos de crisis, responder de forma tranquila sin escalar el conflicto. Más allá de las consecuencias que serán necesarias, si que habrá que esperar a que el alumno esté receptivo para reflexionar.

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