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¿Cómo debemos trabajar la autoestima de nuestros alumnos durante la adolescencia?
El desarrollo de la autoestima tiene su inicio en la infancia, sin embargo, la adolescencia es uno de los períodos más críticos para su desarrollo. Esto se debe a la búsqueda de la identidad en un proceso de cambios, tareas evolutivas e interacción social activa con la familia, la escuela, los iguales y los medios de comunicación.
Una adecuada formación de la autoestima conlleva al crecimiento de adolescentes estables, sanos y con herramientas adecuadas para asumir cambios propios del período evolutivo. Resulta uno de los indicadores más potentes de ajuste psicológico y adaptación social por lo que es fundamental aumentar el bienestar que los adolescentes sienten con ella. Esta es una tarea que debe asumir la escuela, junto a la familia, como fuentes fundamentales de educación y socialización durante la adolescencia.
Varias investigaciones han corroborado que la autoestima tiende a debilitarse en esta etapa (Rodríguez-Naranjo & Caño-González, 2012), como consecuencia de los cambios puberales, cognitivos y del contexto escolar. La baja autoestima en los adolescentes es un factor de riesgo para la aparición de problemas psicológicos y sociales como los trastor-nos de alimentación, la preocupación exagerada por la imagen corporal (Moreno-González & Ortiz-Viveros, 2009); así como las ideaciones e intentos suicidas, sentimientos de inferioridad, depresión, aislamiento social, la deserción escolar, situaciones de delincuencia, el refugio en las drogas, entre otros.
La autoestima no es innata, se adquiere y se va desarrollando a lo largo de toda la vida, a través de las experiencias que se tienen en los diferentes contextos de actuación. Esta se aprende, cambia y se puede mejorar. Aunque este aprendizaje generalmente no es intencional, es posible favorecer las condiciones en cada uno de estos contextos para que pueda formarse de manera adecuada en los adolescentes.
La escuela, como una de las principales fuentes de socialización, es un contexto donde los adolescentes aprenden importantes pautas de relación con los iguales y profesores. Algunos estudios muestran la importancia que tiene la calidad de la relación con padres, profesores e iguales para el desarrollo de una adecuada autoestima. En este sentido, parece ser que los adolescentes realizan juicios de autovaloración en función del feedback recibido en los contextos relacionales
En este sentido, se coincide con los criterios de Acosta-Padrón & Alfonso-Hernández (2004), quienes por su parte, proponen varios consejos y procedimientos de enseñanza para fortalecer y desarrollar la autoestima en los adolescentes desde la escuela, estos son:
— Respetar el trabajo y el esfuerzo que realizan los alumnos.
— Estimularlos a emprender acciones y reconocerle sus éxitos.
— Estimularlos y ayudarlos a la realización de ejercicios físicos.
— Crearles ambientes de tranquilidad, seguridad y confianza.
— Ayudarlos a solucionar problemas de aprendizaje y educación.
— Inculcarles la idea de que sí pueden y son capaces.
— Evaluarles el proceso de aprendizaje tanto como los resultados.
— Enfatizar en sus actitudes tanto como en los conocimientos.
— Desarrollarles habilidades para relacionarse con los demás.
— Dejar que tomen decisiones.
— Transmitir que nadie es perfecto.
— Aprender a manejar las críticas.
— Animarlos a participar en actividades extraescolares
¿Cómo debemos acompañar a los adolescentes en sus relaciones sociales?
La adolescencia es una etapa clave para la construcción de la identidad y el desarrollo de las competencias sociales. En ella, los vínculos con iguales adquieren un valor central. Al mismo tiempo, las relaciones en este momento, están cargadas de intensidad emocional.
La manera de relacionarse es única en cada persona, y en este sentido, el papel docente será fundamental dentro del contexto educativo, ya que nos encontramos en un espacio en el que las relaciones son un eje central. Se trata de mirar y estar, desde el respeto, reconociendo la diversidad de estilos relacionales y ayudando a construir valores de convivencia. Reforzar la importancia de la identidad en construcción y ofrecer modelos de interacción positiva son aspectos fundamentales. El profesorado, como referente cotidiano, desempeña un papel protagonista al observar dinámicas grupales y al poder favorecer la inclusión y promover espacios de diálogo. La escucha activa en el aula no solo ayuda a gestionar conflictos, sino que también promueve la empatía, el reconocimiento mutuo y la validación del otro/a.
A modo de apunte, es oportuno en esta cuestión, identificar con-juntamente algunas de las posibles señales de alerta:
— Aislamiento prolongado o dificultad marcada para integrarse
en el grupo.
— Vínculos muy asimétricos o dependientes, con falta de reciprocidad.
— Conflictos recurrentes sin capacidad de resolución o reparación.
— Exposición frecuente a burlas, humillaciones o exclusión.
— Cambios bruscos en el comportamiento social (retirada, irritabilidad, hostilidad).Detectarlas implica abrir la posibilidad de un acompañamiento respetuoso.
En algunos casos, el rol docente consistirá en sostener y orientar dentro del aula; en otros, será necesario coordinarse con las familias o con otros profesionales especializados. No obstante, en cualquier situación, la escuela se convierte en un espacio protector y de referencia, capaz de ofrecer estabilidad y oportunidades en un periodo especialmente sensible del desarrollo.
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