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¿Cómo podemos ayudar a los alumnos a gestionar su estrés?
Lo primero sería crear un espacio seguro en donde se pueda hablar y analizar diferentes situaciones de estrés e identificar las diferentes emociones que surgen en cada una de ellas. Como al principio suele ser difícil que hablen de sus sentimientos, o emociones, se puede recurrir al visionado de películas, videos, comics o cualquier otro recurso en el que se pongan de manifiesto lo que queremos analizar.
Al ver una determinada escena, se puede preguntar al alumnado qué les parece cómo se ha resuelto la situación, que se analice cómo ha respondido el protagonista y de qué otras maneras se podría haber resuelto la situación. El profesor dará diferentes alternativas de resolución para que las discutan entre ellos.
Un paso posterior sería que ellos expongan sus situaciones personales y entre todos analicen los diferentes aspectos a tener en cuenta: qué emociones le generó, como se resolvió, qué otras alternativas de manejo de la situación se podrían haber llevado a cabo.
Todo esto debería llevarse a cabo en un horario fijo y continuado, por ejemplo, los lunes de 10:00 a 11:00 se realiza la actividad de “control de estrés”, o aprovechando los horarios de tutorías.
Cuando sean los alumnos los que expresen sus emociones, lo primero es normalizarlas y validarlas. Por ejemplo, si una alumna refiere que su amiga la ha traicionado y que le gustaría pegarle una paliza, una manera de normalizar y validar su emoción sería: “entiendo que estés muy enfadada, y que tengas ganas de pegarla”. Esto seguramente le permitirá seguir expresando su rabia, pero al sentirse comprendida y validada, estará más predispuesta a analizar la situación y aceptar otras alternativas a la violencia.
En el grupo se pueden enseñar diferentes técnicas de autorregulación emocional como respiración profunda o pausas conscientes, visualizaciones breves o ejercicios de atención plena y actividades físicas suaves como estiramientos o movimiento libre.
Comenzar las clases con algún ejercicio de este tipo, mejora el rendimiento y reduce el estrés. Y si se producen situaciones de mucho estrés en la clase, se puede recurrir a algún juego (que pueda realizarse en el aula) para descargar la tensión.
Teniendo en cuenta todo lo señalado anteriormente los pasos serían:
— Crear un entorno predecible y seguro en el que la estructura y los horarios del grupo de manejo de estrés sean claros.
— Normalizar y validar sus emociones: permitir que expresen cómo se sienten sin juicio, mostrando comprensión y empatía. Escuchar es el primer paso para aliviar la carga.
Enseñar técnicas de autorregulación emocional:
— Proporcionar espacios o momentos de desconexión a través del juego o actividades lúdicas.
El objetivo de todo esto no es eliminar el estrés, sino ayudarles a entenderlo, manejarlo y transformarlo en aprendizaje emocional.
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