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¿Cuáles son los factores que afectan más a la salud mental de un adolescente?
La salud mental de cada persona, sea cual fuere su edad o período de desarrollo, está influenciada por muy distintas variables. En el caso de nuestros alumnos, insertos en cualquiera de las etapas que jalonan el período infanto-juvenil, la repercusión de esas variables es mucho mayor a causa de esa más acentuada permeabilidad y plasticidad.
En primer lugar, encontramos las causas de origen biológico, de entre las que destaca el componente genético, que, aún no siendo siempre de carácter determinante, cuando menos, van a condicionar al alumno, siendo especialmente sensible la dimensión mental -cognitiva, emocional, interpersonal-. Dentro del elenco de estos factores de tipo estructural-funcional, también influyen en su estabilidad mental trastornos como el TDAH, el TEA, la dislexia y los trastornos del lenguaje. A su vez, como factores de índole más ambiental, frente a los cuales podemos intervenir mejor a través de pautas educativas a implementar,
Encontramos:
— Ambiente familiar: los hijos son absolutamente sensibles a facto-res como el contexto familiar, destacando el papel de los conflictos parentales, separaciones y divorcios, violencia de género, infraestructura física y hábitat del hogar, carencias materiales, etc. Especial relevante conlleva el estilo parental que se imprime por parte de los padres, destacando por su eficacia el estilo autorizativo-democrático -conjugando afecto y autoridad-, frente al indulgente, autoritario y negligente.
— Ejercicio físico: la ausencia de ejercicio físico resulta mucho más relevante de lo que se supone, siendo la práctica deportiva y la actividad física una fuente de equilibrio personal para catalizar la energía, generar disciplina y autocontrol, aprender de la cooperación y la sana rivalidad competitiva, propiciar relaciones interpersonales, aprender de las victorias y las derrotas, descubrir la necesidad de la preparación y la inversión del esfuerzo a medio y largo plazo a través de los entrenamientos, así como fomentar una vida más saludable que preserva de prácticas que colisionan con la salud. A su vez, también hemos de reseñar la dinámica psicobiológica que se genera con el ejercicio, fomentando procesos neuroquímicos como la producción de nuevas neuronas y conexiones -a través de la neutrofina BDNF- o la sensación de bienestar a través de neurotransmisores como la beta-endorfina-.
— Alimentación: la ingesta adecuada de nutrientes es fundamental para la salud y el desarrollo, conociéndose los efectos que la disbiosis y el desequilibro microbiótico ejerce, no solo sobre el rendimiento cognitivo, sino también en relación a la salud mental en general; por solo incidir en un dato, se sabe que uno de los neurotransmisores fundamentales para el estado de ánimo, como es la serotonina, se produce en un 90 % en el intestino. Y, todo esto, en un contexto actual en el que hay motivos sobrados para cuestionar pautas alimentarias que estamos aceptando en nuestros alumnos.
— Grupo de iguales: durante la adolescencia y la juventud, la influencia de las amistades reemplaza en gran medida a la que, en la infancia y preadolescencia, pudo ser ejercida casi exclusivamente por los propios padres. A partir de esas nuevas influencias e interacciones, se fomentan y normalizan conductas cuyo valor y funcionalidad dependerá de la identidad y carácter del respectivo grupo.
— Soledad: siendo la soledad no tanto un fenómeno externamente tangible que alude a un mero acompañamiento físico, sino una experiencia y sentimiento internos a la persona, un adecuan acompañamiento constituye un factor protector para los alumnos, y no solo el que pueda proporcionar un adulto, sino el derivado de amistades de confianza o referentes dentro de sus iguales.
— Discapacidad: en los distintos tipos o variantes de discapacidad, tanto intelectual como motórica y sensorial, se pueden producir desajustes y trastornos reactivos a la situación, ya sea por su colisión con la deseada funcionalidad por parte del alumno afectado, ya sea por la actitud de rechazo o exclusión de sus iguales y compañeros.
— Noviazgos: todo desengaño amoroso o experiencia de desamor implica un duelo en cualquier persona, siendo maximizado su efecto en edades en las cuales se tienen menos recursos de gestión emocional, así como una mayor probabilidad para magnificar los dramas. Por su parte, cuando la relación amorosa resulta gratificante, la influencia sobre la salud mental estará condicionada por el efecto que pueda ejercer la pareja o la sinergia sobre el adolescente concreto.
— Bullying: tratándose de un fenómeno doloroso y reprobable, que presenta cifras alarmantes en la actualidad, constituye un drama para los alumnos que no solo altera emoción y estudiantilmente, sino que, en no pocas ocasiones, ha derivado en pensamientos e intentos de suicidio, como expresión y corolario del mayor nivel de malestar psicológico.
— Espacios digitales: tanto el uso desmedido de pantallas en sí, con lo que su desmedida exposición implica en etapas sensibles del desarrollo cerebral, como por algunos contenidos específicos que se desprenden desde algunas redes sociales, influencers y páginas web, pueden constituir una potencial fuente de alteración psicológica para nuestros alumnos. No se trata de proscribir, sino de encauzar de un modo adecuado y equilibrado, acompañándolo del necesario sentido crítico que es eje esencial de fomento en todo proceso educativo.
Todos estos últimos factores relativos al estilo de vida, que por consiguiente son controlables, nos deben animar a trabajar por su adecuado fomento y regulación, dado que, además, desde la perspectiva médica actual que incide en la importancia del exposoma -valor de aquello a lo que nos exponemos- y la epigenética -valor no solo la genética-, también podemos modular y hasta bloquear la expresión génica y la irrupción de potenciales trastornos.
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