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Herencia; entorno y salud mental
La interacción entre genética y ambiente es de gran relevancia en la configuración de la salud mental. El componente hereditario puede predisponer a ciertas vulnerabilidades y, en algunos casos, llegar a ser determinante. Sin embargo, en la mayoría de las situaciones, su influencia se modula por experiencias y contextos de vida. La epigenética ha evidenciado que el entorno, y especialmente durante el desarrollo, pue-de activar o inhibir esa predisposición (Read, Mosher y Bentall, 2006; Varese, 2013).
Factores como los vínculos familiares, el contexto socioeconómico, cultural y social, la exposición al estrés o al trauma, y los entornos educativos, moldean la forma en que las personas interpretan el mundo, gestionan sus emociones y se relacionan con los demás.
En este marco, el profesorado, como parte del entorno significativo del alumnado, ejerce un papel protector relevante. Favorecer vínculos seguros, promover la autorregulación emocional y generar entornos de aprendizaje positivos contribuye a fortalecer la salud mental, incluso en estudiantes en los que el factor genético suponga un riesgo. Estrategias como ofrecer rutinas claras, reconocer logros, escuchar activamente y modelar un manejo saludable de las emociones pueden marcar una diferencia real en la vida cotidiana del aula.
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