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Hijos de ‹madres digitales› y vínculo materno. ¿Cómo afecta a la creación del vínculo materno, tan importante en las primeras edades, el hecho de que la comunicación madre-hijo esté condicionada por la atención por parte de la madre a los dispositivos digitales? ¿Qué consecuencias tendrá en preadolescentes y adolescentes?
El vínculo materno (o figura principal de apego) se construye desde el nacimiento a través del contacto visual, la voz, el tacto y la sincronía emocional. Este proceso —fundamental en los primeros años de vida—requiere presencia, disponibilidad y atención sensible. Cuando el uso de dispositivos móviles interfiere sistemáticamente en estos momentos de conexión, hablamos de interacciones interrumpidas, donde la figura adulta está físicamente presente, pero emocionalmente ausente.
Diversos estudios en neuropsicología del desarrollo y apego señalan que el uso excesivo del móvil por parte de madres o cuidadores puede afec-tar la calidad del vínculo, generando lo que se denomina apego inseguro (ambivalente o evitativo). Los niños pequeños perciben estas interrupciones como impredecibles o desconectadas, lo que puede dificultar su capacidad futura para regular emociones, pedir ayuda o construir relaciones seguras.
Estas dificultades no desaparecen con la edad. En la preadolescencia y adolescencia, pueden manifestarse como baja autoestima, mayor de-pendencia de la validación externa (a menudo también digital), impul-sividad, dificultades para gestionar la frustración o incluso conductas de aislamiento o rebeldía emocional. Además, puede establecerse un modelo relacional basado en la desconexión, que se reproduce entre iguales.
Desde la escuela, es importante visibilizar esta problemática sin culpabilizar. Se trata de acompañar a las familias en una crianza cons-ciente, donde el uso de la tecnología no sustituya lo más esencial: la mirada, la palabra, el juego compartido y la disponibilidad emocional.
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