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¿Cómo motivar a los padres para que participen en las escuelas de padres y quien debe organizar esta actividad?
Las escuelas de padres (muchas veces denominadas “de madres” al tomar en consideración quién asiste a las reuniones programadas) representan siempre un auténtico reto.
Se trata de espacios en los que, en teoría, la escuela habilita espacios y tiempos para que los padres puedan acceder a determinados contenidos que se entienden imprescindibles o, cuando menos, importantes en el ejercicio del siempre complejo proceso de ser padres hoy en día, en la sociedad actual. ¿Cómo hacer? ¿Qué hacer? ¿Cuándo hacer? ¿Qué no hacer?
¿Cómo entenderles y relacionarse mejor? ¿Cómo reaccionar a los riesgos actuales que ponen en peligro en el adecuado desarrollo de los hijos?
La experiencia de su desarrollo, ampliamente tratada en la investigación sobre la mejora de las escuelas, no despliega precisamente aires de satisfacción por regla general. Escasa asistencia, presencia de aquellas familias que aparentemente “menos necesitan” de este tipo de espacios de aprendizaje compartido, dificultad para encontrar profesionales que adecuen sus conocimientos a las características de este tipo de actividades, escasa implicación de éstos en la vida de los centros, repetición excesiva de algunos contenidos, escasa participación de los asistentes y personalización e individualización, poro procedente, de las cuestiones que se plantean (qué-hay-de-lo-mío)…
En todo caso, claves que han permitido la generación y afianzamiento de estos espacios son conocidas en la literatura sobre el contenido:
— Deben entenderse como espacios de aprendizaje compartido y combinado, no exclusivamente como “lugares” donde se explica a los padres lo difícil que lo tienen y lo-mucho-que-les-va-a-costar todo con sus hijos.
— Deben incorporarse en un proyecto participativo en el centro educativo y en el contexto de diseño de planes5 para la construcción de entornos seguros y protectores para la mejora de la salud emocional y psicológica de toda la comunidad educativa. La idea es la de “aprender juntos”.
— La perspectiva de desarrollo de acciones previamente planificadas sobre temas de especial preocupación y con la participación “híbrida”, es decir, de padres y profesores conjuntamente, con la posibilidad, incluso, de incorporar alumnos, es de gran interés.
— La posibilidad de asistencia de expertos debe entenderse como excepcional, muy justificada y, sobre todo, segura, es decir, con la certeza de que el experto conoce el contenido (sabe de lo que habla y va más allá de lo que puede leerse en un folleto) pero, asimismo, conoce el proyecto educativo y se implica con el centro de alguna manera. El experto que da su conferencia, contesta a algunas preguntas y se va puede generar desafección.
— Es importante motivar la lectura compartida y el debate y discusión sobre contenidos de alcance razonable y concreción.
— La planificación de las reuniones debe incorporar en todo caso una parte final de concreción líneas de mejora, pequeños acuerdos, humildes propósitos de aspectos concretos.
— En este contexto, el principio de “menos es más” suele funcionar mejor. Pocas cosas, bien hechas, compartidas y evaluadas.
Como apunte final, cabría estimar que “escuelas de padres” más eficientes son las que pueden desarrollarse en el marco de la acción tutorial, con el grupo de padres de cada aula. En este espacio, la idea de “aprender juntos” cobra especial valor.
5Una referencia para la generación de este tipo de modelo la encontramos en: Diseño de planes para la promoción del bienestar emocional en centros Procedimientos y recursos para su elaboración (2025). Consejería de Educación, Ciencia y Universidades de la Comunidad de Madrid.
https://gestiona3.madrid.org/bvirtual/BVCM051560.pdf
Recursos
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