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¿Qué pautas parentales pueden desestabilizar emocionalmente al alumno? Factores de riesgo
Comprender los factores de riesgo familiares en el desarrollo psicológico es fundamental tanto para la intervención temprana como para la promoción de la salud mental. Lejos de una mirada culpabilizadora, se trata de reconocer condiciones que, por su persistencia o intensidad, pueden afectar el desarrollo psicológico, social y cognitivo en la infancia y la adolescencia.
Entre los factores de riesgo más significativos podemos destacar:
— Negligencia emocional: la falta sostenida de respuesta a las necesidades afectivas básicas, como la contención, la escucha o el reconocimiento emocional, puede generar dificultades en la regulación emocional, baja autoestima e inseguridad en los vínculos.
— Estilos de crianza disfuncionales: patrones autoritarios, permisivos o incoherentes alteran el desarrollo de la autonomía, la percepción de límites y la capacidad para enfrentar la frustración. La imprevisibilidad genera un entorno emocional inestable que afecta la confianza y el sentido de seguridad.
— Exposición a violencia en el entorno familiar: ya sea como víctimas directas o como parte de un entorno violento, los niños, niñas y adolescentes sufren consecuencias profundas. Esta exposición genera daño psicológico, y en muchas ocasiones también físico, comprometiendo el desarrollo emocional, cognitivo y social. Los efectos traumáticos pue-den aflorar al ser víctima directa de acciones violentas, pero también como resultado de ser testigo asimismo directo de las mismas.
— Exposición a contextos emocionales desbordantes o inestables: en algunos casos, los niños, niñas y adolescentes viven en entornos con una elevada carga emocional, ya sea por la presencia de trastornos mentales en adultos cuidadores, consumo problemático de sustancias o patrones vinculares desajustados. Sin la protección necesaria e intervención adecuada, estas experiencias dificultan la organización emocional y el bienestar psicológico.
— Asignación de responsabilidades no acordes a la edad: cuando se espera que en la infancia o adolescencia se asuman roles como cuidar a otros, mediar en conflictos familiares o contener emocionalmente a adultos, se generan sobrecargas que pueden traducirse en angustia, problemas de conducta o dificultades en el aprendizaje.
Detectar estos factores no implica intervenir sobre las familias desde el juicio, sino desde el compromiso con el bienestar de niños, niñas y adolescentes. La escuela puede constituirse en un entorno de estabilidad, cuidado y reparación. El rol docente, en coordinación con equipos técnicos y redes interinstitucionales, es central para la prevención de complicaciones y la promoción de trayectorias saludables.
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