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El profesor como adalid de la prevención en salud mental
El profesor es, desde el primer día que pisa el aula, mucho más que un transmisor de contenidos. Es, a menudo sin proponérselo del todo, un guardián silencioso de la salud mental de quienes le rodean. Sus pala-bras, sus gestos, su modo de mirar pueden aliviar o, sin querer, agravar heridas invisibles. Por eso su presencia importa tanto, porque educa no solo con lo que enseña, sino con lo que es.
En su papel de adalid, el profesor observa con atención. Aprende a leer en los silencios, en las miradas bajas, en los cambios sutiles de ánimo. Se atreve a preguntar cuando percibe que algo no va bien, no para invadir, sino para ofrecer un espacio seguro. Crea un ambiente donde nadie se siente excluido por ser distinto, ni avergonzado por sentirse vulnerable. Esa atmósfera, hecha de respeto, de ternura discreta y de firmeza, es un salvavidas para más de un alumno que no se atreve a pedir ayuda.
Su tarea también consiste en educar emocionalmente, enseñar a reconocer lo que uno siente, desmontar prejuicios, hablar de salud mental con naturalidad y respeto. Cuando el profesor se atreve a nombrar la tristeza, el miedo o la ansiedad como experiencias humanas, y no como fallos o debilidades, les muestra a sus alumnos que no hay vergüenza en sentir ni en pedir apoyo.
Y cuando hace falta, sabe reconocer los límites de su papel y canalizar a los alumnos hacia los profesionales y los recursos adecuados. No es terapeuta, ni debe serlo. Pero sí puede, y debe, ser una figura preventiva, alguien que con su ejemplo y su cuidado contribuye a que los alumnos se sientan vistos, comprendidos y acompañados.
A veces basta un gesto sencillo, un “¿cómo estás?” dicho a tiempo, un “estoy aquí si me necesitas”, para encender una luz en alguien que andaba a oscuras. Eso, aunque muchas veces pase inadvertido incluso para él mismo, puede cambiar una vida.
El profesor, en el fondo, enseña también esto, que la dignidad humana está por encima de cualquier materia, y que la mirada de un adulto que cree en ti puede ser el inicio de tu propio camino hacia la confianza, hacia la vida que se abre, hacia un futuro donde nuestras niñas y niños sean los adultos que reparen las heridas de la sociedad.
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