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¿Cómo puedo evitar La estigmatización de los alumnos con algún problema de salud mental?

La mejor prevención del estigma es un aula donde se hable de emociones con naturalidad y se valoren las diferencias como parte de la diversidad humana. Para prevenir la estigmatización de los estudiantes con problemas de salud mental, se pueden sugerir varias estrategias concretas relacionadas con la detección, la prevención y la intervención.

1. Prevención: crear un entorno inclusivo es la mejor forma de evitar la estigmatización ya que sienta las bases para que el estigma no florezca.

Educar en las emociones y normalizar las conversaciones sobre la salud mental: Para fomentar la educación y la sensibilización, se debería integrar el tema en el currículo, hablando sobre la salud mental en las clases (dar información básica y veraz sobre salud mental), comparándola con la salud física, explicando que todos tenemos momentos difíciles y que buscar ayuda es una muestra de fortaleza, no de debilidad. Es importante hablar de emociones, del estrés, la ansiedad o la depresión sin dramatizar ni etiquetar, es decir, presentando los problemas emocionales como algo que pue-de afectarnos a todos: “Todos podemos pasar momentos difíciles y pedir ayuda es un signo de fortaleza”. Para ello se pueden usar ejemplos de personajes históricos, de la literatura o incluso de la cultura popular para normalizar el tema. También, se pueden organizar talleres y charlas, invitando a profesionales de la salud mental a dar charlas informativas para el alumnado y el profesorado. En la misma dirección, se pueden desarrollar actividades en las que las personas jóvenes con problemas de salud mental compartan su experiencia con otras personas de su edad, o generar espacios de escucha para que, durante la infancia, la adolescencia y la juventud puedan compartir vivencias y malestares, sea en grupos autogestionados o con acompañamiento de terapeutas. Es importante, no patologizar las emociones y sentimientos desagradables, o aquellas circunstancias de la vida cotidiana en las que se atraviesa un proceso doloroso, desarrollando iniciativas para ayudar a reconocer y aceptar los sentimientos desagradables, proporcionando herramientas de gestión emocional. Esto ayuda a desmitificar los problemas, a dar información rigurosa y a fomentar un ambiente de respeto.

Utilizar un lenguaje respetuoso, inclusivo y no etiquetador cuando se habla de problemas de salud mental: Para ello es importante evitar frases como “es depresivo” “es ansioso” o “es conflictivo o problemático” y sustituyéndolas por frases como “el alumno está pasando por un momento de dificultad” “tiene un episodio de depresión, de ansiedad” “presenta conductas que muestran dificultades para regular sus emociones” “el estudiante necesita un apoyo complementario” etc. Es importante usar expresiones centradas en la situación (“está pasando por…”), modelar expresiones positivas como “necesita apoyo”, “está aprendiendo estrategias para aprender a autocontrolarse”.

Fomentar la empatía y la comprensión hacia las personas que tienen problemas de salud mental: Para ello podemos realizar en tutorías diversas dinámicas de grupos, por ejemplo, juegos de roles, lecturas, películas o vídeos sobre salud mental, diversidad emocional y resiliencia. Es muy importante incorporar dinámicas breves de sensibilización (role-playing, vídeos, relatos, debates sobre casos hipotéticos…) que fomenten la empatía, la capacidad para ponerse en el punto de vista de otro, y responder positivamente a sus necesidades, dinámicas que fomenten el respecto por los diferentes, el respeto a cualquier tipo de diversidad. Es importante fomentar un clima donde todas las diferencias (de aprendizaje, culturales, de personalidad) sean vistas como una riqueza, no un defecto.

2. Detección: identificar el estigma y las señales de alarma

Los profesores y profesoras deben estar atentos no solo a los problemas de salud mental, sino también a cómo son tratados los alumnos y alumnas que los padecen.

Identificar las señales de que un estudiante puede estar siendo estigmatizado o aislado: Se puede sospechar que un estudiante pueda sufrir esta situación, por ejemplo, cuando es excluido sistemáticamente de trabajos en grupo o actividades sociales, cuando es objeto de burlas, apodos despectivos o miradas evitadas, cuando sus logros son atribuidos a la ayuda que le dan otros en lugar de su esfuerzo, o cuando se observa un cambio negativo en su autoestima y participación.

Identificar las señales de que el entorno puede ser estigmatizante: También es importante estar atento a indicadores del entorno que pueden ser estigmatizantes, por ejemplo, cuando se usa un lenguaje peyorativo entre el alumnado (“está loco”, “es un raro”), cuando se producen rumores y cotilleos dañinos sobre un estudiante en particular, o cuando se evidencia una resistencia de otros alum-nos y alumnas a colaborar o sentarse cerca de él/ella.

3. Intervención: actuar de forma inmediata y adecuada

Cuando se detecta la existencia de estigma o de conductas de exclusión de un estudiante con problemas de salud mental, hay que actuar con celeridad y firmeza, llevando a cabo diversas acciones.

Intervenir en el momento con el grupo y con el estudiante con problemas de salud mental: Cuando el profesor escucha comentarios peyorativos o estigmatizantes, es importante corregir el lenguaje con calma, pero con firmeza: “En esta clase no usamos esas palabras. Todos merecemos respeto.” Y cuando observa conductas de acoso o exclusión, es importante intervenir de inmediato, hablar con las partes primero por separado y luego conjuntamente, haciendo ver el impacto de las acciones. En relación al estudiante con problemas, es importante acercarse a él en privado y decirle claramente “he notado que algunos compañeros te están tratando mal. No está bien lo que está pasando y no es tu falta. Estoy aquí para ayudarte.”

Promover la autoestima del estudiante con problemas de salud mental, reforzar su valía valorando sus cualidades, fortalezas y logros: Es importante que sea evidente para el propio estudiante y para el grupo no sólo las dificultades, también sobre las cualidades y logros de ese estudiante. Se deben reforzar los mensajes sobre las habilidades, el esfuerzo y el progreso de ese estudiante con problemas, proyectando una autoimagen positiva de sí mismo, y ayudándole a no internalizar el estigma. Y también es importante transmitir estos mensajes para el conjunto del grupo-aula.

Potenciar la inclusión de los estudiantes con problemas en las dinámicas escolares: Ello implica favorecer la participación de todos en las actividades grupales, adaptando si es necesario tareas o tiempos a las características de algunos estudiantes con problemas, y/o aportando los apoyos necesarios si los necesita. Es importante no aislar al alumno/alumna, ni aunque pensemos que es por su bien, ya que el aislamiento alimenta el estigma.

Estimular en el aula una cultura de apoyo: Es fundamental evitar que se produzcan burlas, rumores o acoso debido a los comportamientos que puedan tener algunos estudiantes con problemas, y para ello hay que establecer normas claras que las prohíban. Además, es necesario promover en los estudiantes la conducta prosocial, a través de la implementación de actividades que fomenten diversas competencias socioemocionales (comunicación, cooperación, prosocialidad, empatía, resolución pacífica de conflictos.). Promover y reforzar estas conductas cuando son realizadas espontáneamente (agradecer a quienes escuchan, dan, ayudan, comparten, cooperan, consuelan, respetan…) facilitará esa cultura de apoyo necesaria para que el estudiante con dificultades puede aumentar su bienestar psicológico y emocional. También se puede fomentar la ayuda entre iguales, creando programas de “alumnos acompañantes o mento-es” donde estudiantes formados puedan ofrecer apoyo a sus compañeros que pasan por un mal momento.

Comunicar y derivar actuando con confidencialidad y respeto: Cuando el profesorado detecte indicadores de problemas de salud mental debe ser muy cuidadoso y únicamente compartir lo que observa o la información del problema que le comunica el estudiante con aquellos que necesiten saberlo (la familia, el equipo docente, la psicóloga o psicólogo educativo del departamento de orientación…) respetando la privacidad, protegiendo la intimidad frente al resto del grupo, frente a los compañeros/compañeras de la clase. Es importante que al hablar con los padres el enfoque de la conversación se centre en cómo pueden colaborar para apoyar al alumno y en las soluciones, evitando mensajes o actitudes acusatorias. Además, cuando un estudiante es derivado a un psicólogo/a o a servicios de apoyo, es necesario asegurarse de que tanto él como sus compañeros lo vean como algo tan normal como ir al médico por cualquier problema físico, es decir, es necesario normalizar el proceso de buscar ayuda.Para poder implementar estas sugerencias es necesario que el profesora-do esté formado en salud mental y pueda reflexionar sobre sus propios prejuicios. Para ello es fundamental aportar una formación básica sobre salud mental para el profesorado, para el personal no docente y también para las familias, que incluya el mensaje de que en la salud mental no hay “ni culpa ni vergüenza”. Se pueden plantear talleres regulares para que el profesorado aprenda a identificar las señales de alerta de los problemas de salud mental y a saber cómo actuar. Es crucial que se sientan capacitados para abordar estas situaciones de forma confidencial y sin prejuicios.

Los centros educativos tienen la oportunidad única de identificar y apoyar a los estudiantes que experimentan problemas y de promover su salud mental y el bienestar. Para ello es necesario mejorar la alfabetización en salud mental del profesorado (que amplíen conocimientos y reflexionen sobre las creencias relativas a la salud mental y los trastornos mentales). Una formación que permita establecer las bases de la salud mental, en aras de promover el bienestar y el desarrollo socioemocional, para mejorar el reconocimiento temprano de los trastornos mentales y para reducir el estigma.

Para concluir al profesorado le diría, en primer lugar, que no es un terapeuta, pero es un pilar esencial, y que su mayor herramienta es la actitud: una combinación de empatía, firmeza contra el acoso y la normalización del bienestar emocional. Al crear un aula donde es seguro hablar de las dificultades, no solo está previniendo el estigma, sino que está permitiendo que todos sus alumnos florezcan. Y, en segundo lugar, le diría que su papel es crucial para crear un entorno seguro y de apoyo. La des-estigmatización no es un acto único, sino un proceso continuo, integrado en la cultura del aula.

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