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¿Qué recursos son necesarios en un centro para atender la salud mental de nuestros alumnos?

Atender adecuadamente la salud mental del alumnado exige mucho más que buena voluntad por parte del profesorado. Requiere una estructura organizativa sólida, dotada de recursos humanos, materiales y protocolos específicos que permitan detectar, intervenir y acompañar con responsabilidad y eficacia.

En primer lugar, es imprescindible contar con la figura del orientador u orientadora educativa con formación en psicología y experiencia en salud mental infanto-juvenil. Su presencia debe ser estable, suficiente y vinculada al día a día del centro, no puntual ni compartida entre varios colegios. El equipo docente, por su parte, también necesita formación en habilidades socioemocionales, identificación de señales de alerta y estrategias básicas de contención y derivación, dentro de un enfoque preventivo y colaborativo. La atención a la salud mental no puede depender solo de la escuela.

Por ello, resulta clave establecer canales de coordinación fluidos con los recursos sanitarios de zona, como los equipos de salud mental infanto-juvenil (USMIJ), así como con los servicios sociales y de protección, cuando las circunstancias del alumnado lo requieran. La presencia de profesionales como especialistas en pedagogía terapéutica, audición y lenguaje, o incluso personal sanitario escolar, puede ser también de gran apoyo en contextos con alumnado especialmente vulnerable.

Además, los centros deben disponer de espacios adecuados don-de poder mantener entrevistas y realizar atenciones individuales con privacidad, así como contar con protocolos claros de actuación ante conductas de riesgo, ideación suicida, autolesiones u otras situaciones que comprometan la integridad del menor.

Por último, integrar programas de educación emocional, prevención del acoso, promoción del bienestar y mejora de la convivencia en la acción tutorial y en el proyecto educativo de centro no es un añadido, sino una inversión imprescindible. Garantizar el bienestar emocional del alumnado no es solo una cuestión de salud: es una condición básica para asegurar el derecho a la educación en igualdad de condiciones.

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