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¿Cómo influye la salud mental en el proceso de aprendizaje de los estudiantes?

El proceso enseñanza-aprendizaje supone una dinámica multidimensional, que requiere de la movilización de muchos recursos personales por parte de los estudiantes. De cara a que su desarrollo sea eficiente, resultan necesarias ciertas condiciones de equilibro personal, a modo de prerrequisito esencial, siendo la salud mental un eje imprescindible en este sentido.

Así, la influencia de las alteraciones mentales en el desempeño de los estudiantes, constituirá un hándicap incuestionable, dependiendo dicho efecto tanto de la propia patología en cuestión como de las herramientas y recursos de los cuales podrá disponer el niño/a o adolescente. Acotando la respuesta a lo relativo a alteraciones de índole más emocional, como podría tratarse de trastornos de la esfera ansioso-depresiva, sabemos que: 1) el cerebro no procesa la información de modo eficaz, influyendo en la intelección de los contenidos y derivando en unos resultados académicos indiscutiblemente inferiores a los esperados por la capacidad real del estudiante; 2) disminuye la necesaria motivación para el estudio, como proceso empíricamente ligado al éxito académico, fruto del malestar que fuerza a relegar el deseo de aprendizaje por preocupaciones que absorben su mundo interno; 3) dicho malestar o displacer, consume recursos cognitivos y de gestión emocional -más complejo de abordar en estas edades que en la etapa adulta- en un cerebro que se ve obligado a mantener la base esencial que fundamenta todo, es decir, la conservación de la supervivencia amenazada; 4) por dinámicas cerebrales subyacentes a las alteraciones emocionales, también se ve afectada la velocidad de procesamiento de la información, siendo habitual la percepción subjetiva de que el cerebro funciona de modo más lento y torpe, en un mundo académico en el que los tiempos también penalizan.

Por otra parte, abiertos a la heterogénea casuística que integra la realidad, también hemos de afirmar que existen casos en los que la alteración emocional ha derivado en una mejora de los resultados académicos; esto se ha producido cuando el estudiante ha utilizado el estudio como un refugio en el que focalizarse enfáticamente, a modo de potente distractor que le alejaría del sufrimiento interno.

Sea como fuere, cada situación requiere de una intervención personalizada, en función del nivel de afectación y tipo de patología, así como de otros elementos que van más allá de lo intrapersonal, como apoyo social, situación familiar, estilo de vida, entre otros, los cuales, en muchos casos pueden constituir elementos protectores o agravantes, y, necesariamente, factores que necesariamente se habrán de abordar.

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