Antes de conducir, revisa tu medicación

El estudio Fármacos y Conducción pone de relieve un riesgo que muchos no ven

Coche accidentado con una cápsula transparente simbolizando el riesgo de usar fármacos al conducir

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Salud

El 83% de los conductores sabe que los medicamentos pueden afectar a la conducción. Pero solo el 58% asegura que no conduciría bajo sus efectos.

Reducir esa diferencia entre lo que sabemos y lo que hacemos es uno de los principales retos que pone de manifiesto el estudio Fármacos y Conducción realizado por Fundación Mapfre y Fundación Bidafarma, con el apoyo de la DGT y el Consejo General de Colegios Farmacéuticos y Salvetti Llombart. La investigación se basa en las respuestas de 2.000 conductores, así como entrevistas y grupos de discusión con profesionales de la salud, de la seguridad vial, conductores medicados y expertos (bomberos, policías, DGT).

La principal conclusión de este informe es que la medicación forma parte de la vida cotidiana de muchos conductores y que el hecho de conducir bajo el efecto de fármacos no es una situación aislada. Tres de cada cuatro conductores habituales (75%) han tomado en los últimos tres años medicamentos que pueden interferir con la conducción y, aun así, el 34% reconoce haber conducido bajo sus efectos.

¿Por qué ocurre esto? Uno de los motivos más relevantes es la falsa sensación de control. El 61% de los conductores medicados considera que su tratamiento no afecta o afecta poco a su capacidad para conducir. Entre quienes siguen conduciendo mientras toman estos fármacos, ese porcentaje asciende al 73%.

Sin embargo, casi la mitad de quienes conducen y toman medicación reconoce haber experimentado síntomas como somnolencia, fatiga, disminución de reflejos, menor atención o una capacidad de reacción más lenta. Pese a ello, la respuesta más habitual no es dejar de conducir, sino adaptar la conducción, reduciendo la velocidad o extremando las precauciones. Sin embargo, estas medidas no siempre son suficientes para compensar los efectos secundarios de algunos medicamentos, que en ciertos casos pueden hacer necesario evitar la conducción.

El estudio también incide en que el riesgo no aparece únicamente en el caso de medicamentos para dormir, para la ansiedad, la depresión o para el dolor intenso, sino que existe también con medicamentos que se venden sin receta. De hecho, los conductores tienden a infravalorar el posible impacto sobre la conducción de otros fármacos de uso frecuente, como antigripales, antitusivos, antihistamínicos, relajantes musculares o determinados productos naturales utilizados para dormir o relajarse.

Para dar visibilidad a este riesgo, desde 2007 existe un pictograma de conducción que está presente en el envase de algunos medicamentos. Sin embargo, el 42% de los conductores afirma que no lo reconoce o no está seguro de su significado. A ello se suma que muchos conductores medicados no siempre leen el prospecto.

Ante todos estos datos, el informe concluye que abordar el impacto de los fármacos en la conducción es una prioridad de interés social. Para ello, es necesario reforzar la visibilidad de este riesgo y trabajar de forma coordinada y multicanal entre profesionales sanitarios (médicos y farmacéuticos, administraciones públicas, autoescuelas, medios de comunicación y canales digitales). La estrategia debe combinar información sobre los riesgos con campañas de concienciación, de manera similar a como se hace con el consumo de alcohol, el cansancio o las condiciones meteorológicas adversas.

Porque antes de arrancar el motor no basta con preguntarte si has bebido, si tienes sueño o si estás cansado. Hay una pregunta más que puede marcar la diferencia: ¿has tomado algún medicamento que pueda afectar a tu seguridad y a la de los demás? Y si es así, no se trata de abandonar el tratamiento, sino de informarte (buscando el pictograma, leyendo el prospecto y consultando con el profesional sanitario) para evitar conducir cuando ese fármaco pueda afectar a la seguridad.