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Chillida, Eduardo

Nacimiento: San Sebastián, 1924

Fallecimiento: San Sebastián, 2002

Descripción:

Vivió su infancia y adolescencia en su ciudad natal, San Sebastián. En 1943 se trasladó a Madrid para formarse como arquitecto, estudios que abandonó tres años más tarde con objeto de dedicarse a la escultura. Durante el curso 1948-1949 se marchó a París; instalado en el Colegio Español de la Ciudad Universitaria, comenzó a trabajar en sus primeras composiciones en yeso. En sus visitas al Louvre, quedó impresionado por la escultura griega arcaica; una influencia que acusarían las obras de su primera etapa, dominadas por el arcaísmo y el influjo de Moore.

En 1950 contrajo matrimonio en San Sebastián con Pilar Belzunce. Juntos se instalaron en el pueblo francés Villainnes-sous-Bois, donde coincidieron con Palazuelo. Un año más tarde, con motivo del nacimiento de la primera de sus ocho hijos, volvió a España. Durante la mudanza se rompieron varias de sus esculturas, hecho que parecía presagiar un corte con su período artístico anterior y el nacimiento de una nueva etapa.

Situados ya en Hernani, Chillida empezó a trabajar el hierro y elaboró su primera escultura abstracta en este material, Illarik, fundida después en la fragua de Manuel Illarramendi. En 1954 organizó su primera exposición individual en la madrileña Galería Clan y recibió el encargo de las puertas de la Basílica de Aránzazu. En este trabajo adelantó motivos que aparecerían poco después en sus dibujos, grabados y collages.

Se trasladó de Hernani a San Sebastián en 1957. Su buen hacer comenzó a ser avalado por altas distinciones oficiales, tanto españolas como extranjeras. Una de las primeras fue el Gran Premio Internacional de Escultura de la Bienal de Venecia, al que siguieron el Graham Foundation Award for Advanced Studies in the Fine Arts, el Premio Kandinsky o el Premio Carnegie de Escultura Internacional de Pittsburg.

En 1958 marchó a Estados Unidos por primera vez, participando en diversas exposiciones. Un año después continuó investigando nuevos materiales, trabajó la madera y, poco más tarde, el acero. A principios de los años sesenta realizó un viaje por Grecia, a raíz del cual inició su experimentación con el alabastro, componiendo las series Elogios de la Luz y Elogios de la Arquitectura.

En invierno de 1971 acudió, en calidad de profesor visitante, al Carpenter Center for the Visual Arts de la Universidad de Harvard. A su regreso, siguió estudiando diversos materiales: primero, el hormigón, ayudado por el ingeniero José Antonio Fernández Ordóñez; más tarde, la cerámica, con Joan Artigashijo, quien secundó su labor; por último, con Hans Spinner empezó a trabajar la terracota.

Dada su brillante trayectoria, recibió prácticamente todos los premios y menciones honoríficas, desde el Wilhelm Lehmbruck hasta el Príncipe de Asturias, pasando por el Kaiserring alemán, el Premio Imperial en Japón y el nombramiento de Académico de Honor de la Real de Bellas Artes de San Fernando. Tras padecer la enfermedad de Alzheimer, Chillida falleció en 2002.

Isabel Menéndez