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Callahan, Harry

Nacimiento: Detroit, Michigan, 1912

Fallecimiento: Atlanta, Georgia, 1999

Descripción:

La capacidad de Callahan para la abstracción y el ensimismamiento, convierte pequeñas briznas de hierba sobre la nieve en hallazgos. «La fotografía es maravillosa porque puedes empezar con una idea, pero te pierdes en otra cosa y ahí es donde sucede lo importante». Ahí es donde habita el fotógrafo.

Harry M. Callahan nació en Detroit en 1912. Era un hombre corriente hasta que en 1938 se compró una Rolleicord 120. En ese momento nace un fotógrafo intuitivo y metódico que logrará imágenes de una poética abrumadora.

En 1940 ingresa en la Detroit Photo Guild, donde conoce a Arthur Siegel quien, además de introducirle en la fotografía experimental, será una influencia constante en su carrera. Un año después comienza a trabajar con una cámara de manejo más ligero, una Linhof Técnica 9 x 12 aunque probablemente subyugado por la precisión de la obra de Ansel Adams, Callahan se pasa al formato 20 x 25, a la vez que realiza hojas de contacto.

Un viaje a Nueva York en 1945 resultará decisivo: conoce a todos los grandes fotógrafos del momento (Berenice AbbottHelen LevittLisette ModelPaul Strand…), entrará en contacto con la obra de Eugène Atget y visitará una gran retrospectiva de Stuart Davis en el MoMA. La influencia de este último es tal que desarrollará un trabajo de por vida al que volverá siempre torn signs, en el que fotografía fachadas de la ciudad de Chicago y el paso del tiempo por ellas.

Callahan es el monje-artista. La fotografía es su religión porque ocupa el espacio que en su juventud tuvo la fe y Szarkowski lo explica así: «La elocuencia fría y distante del trabajo de Callahan no es solo un hecho formal. Su fotografía no describe, pero encarna un mundo de valores morales, un mundo que aspira al orden perfecto».

En 1946 la revista Minicam Photography publica su obra por primera vez. Moholy-Nagy (a quien conoce a través de Arthur Siegel) le contrata para que dé clases en el Institute of Design de Chicago, y de esta manera entra en contacto con el grupo de la New Bauhaus, con los que comparte la idea de la fotografía como expresión artística y el afán de experimentar con ella.

Un año después 750 Studio Gallery, en Chicago, celebra su primera exposición individual. Conoce a Edward Steichen. Éste lo incluirá en la exposición In and Out of Focus (1948) y en la inmensa The Family of Man (1955). En 1962 éste quiere exponer la obra de Callahan y Robert Frank, esta vez en la última muestra del proyecto Diogenes with a camera. Frank se negó a aceptar ese título y la exposición terminó llamándose Photographs by Harry Callahan and Robert Frank. No obstante, el sello Steichen era tal que el propio Callahan afirmó «Steichen siempre hace exposiciones Steichen».

1950 vuelve a ser un año importante. Es nombrado director del departamento de fotografía del Institute of Design, realiza dos cortometrajes en 16mm —Motions y People walking on the Street— y nace su hija Bárbara.

El Graham Foundation Award le permite trasladarse a Francia, donde permanecerá hasta julio de 1958. En 1964 aparece su primera gran monografía, Photographs, Harry Callahan de la mano de El Mochuelo Gallery, (Santa Bárbara) y a partir de este momento recibirá todo tipo de distinciones, que culminan con la adquisición de todo su archivo por el Center for Creative Photography de Tucson, Arizona. En 1977 abandona la enseñanza para dedicarse sólo a la fotografía y a viajar con su familia. Tras la retrospectiva de su obra en blanco y negro que organiza el MoMA, trabajará sólo en color, con el que llevaba años experimentando (haciendo fotos e imprimiendo con el sistema de dye transfer). En 1978 es seleccionado para representar a Estados Unidos en la Bienal de Venecia y, un año después, elegido miembro de la American Academy of Arts and Science. Al premio a toda una carrera de la Academy of Fine Arts de Chicago (1992) se unen la Edward Mac Dowell Medal y la National Medal of Arts, que le conceden un año más tarde.

Murió el 15 de marzo de 1999 en Atlanta.

«Creo que todos los artistas o casi todos intentan sin cesar llegar hasta el borde de la nada, donde resulta imposible ir más lejos» escribió. Callahan forzó la fotografía hasta la abstracción, hasta dejarla en un pensamiento: hoy nos devuelve su reflejo.