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Gutiérrez-Solana, José

Nacimiento: Madrid, 1886

Fallecimiento: Madrid, 1945

Descripción:

En 1900, José Gutiérrez Solana (Madrid, 1886-1945) asiste a la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, entre sus compañeros se encuentran Victorio Macho o Ramón Zubiaurre. En 1904 sus obras expuestas en la Exposición Nacional de Bellas Artes son relegadas a la llamada “sala del crimen”, junto con las de Isidro Nonell, Joaquín Mir, José Victoriano González, Julio Romero de Torres y Darío de Regoyos. Desde 1918, Solana se convierte en asiduo a las tertulias del Café de Pombo, donde entabla amistad con Ramón Gómez de la Serna, quien publica la primera biografía sobre el artista en este año. En estos años, participa con varias obras en la Royal Academy de Londres y el Ateneo de Santander organiza su primera exposición individual. 

En 1928 viaja a París invitado por el intelectual Edgar Neville para realizar una exposición en la sala a Bernheim-Jeune del Faubourgh Saint Honoré; en esta ciudad pasa parte de la Guerra Civil. La aventura parisina no le reporta demasiados beneficios, hasta que años después el estado francés adquiere varias de sus obras. Participa en la Exposición de Arte Español de la Haya, Ámsterdam y Nueva York y en 1929 recibe la Medalla de la Exposición Universal de Barcelona

Con la finalización del conflicto bélico, el autor regresa a España y obtiene un clamoroso éxito. Pocos días después de su fallecimiento le es otorgado a título póstumo la Medalla del Honor Nacional. Considerado como uno de los mejores cronistas gráficos de la España del primer tercio del siglo XX, Solana combinó su actividad pictórica con la publicación de varios ensayos entre los que cabe destacar La España negra (1920), dedicado a Ramón Gómez de la Serna. Una mezcla de vivencias personales y de libro de viajes en el que describe, como un testigo o un retratista, las diversas fisonomías humanas y los aspectos costumbristas de las ciudades que visita en la Península Ibérica. Como señala Andrés Trapiello en el prólogo a la edición revisada de 1998, “la España negra no es un retrato de un pasado felizmente superado, sino un retablo que refleja los estratos más profundos de una nación reacia a la modernidad”.