Una mujer castellana

El espíritu del entorno rural en una escultura

El espíritu del entorno rural en una escultura El espíritu del entorno rural en una escultura

Alberto Sánchez
Silueta. Mujer Castellana, 1958-1960
© VEGAP, Madrid, 2020 
© Colecciones Fundación MAPFRE 

El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella es seguramente la obra más conocida del “olvidado” escultor español Alberto Sánchez (Toledo 1895-Moscú, 1962). Esta obra, hoy desaparecida y cuya réplica nos saluda desde la plaza de entrada al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, se convirtió, junto a otras como Guernica de Pablo Picasso, La Montserrat de Julio González, El Pagés català y la revolució de Miró o La Fuente de mercurio de Alexander Calder, en todo un símbolo para la República durante la Guerra Civil, pues ocupó un lugar privilegiado en el Pabellón español de la Exposición Universal de París de 1937. Un símbolo de la libertad y de la resistencia del pueblo español realizado por un escultor que en realidad era panadero y que no aprendió a leer correctamente hasta bien entrados los años 1920, cuando salía de la tahona tras muchas horas de trabajo manual. 

En 1927, coincidiendo con la declaración de la IIª República, Alberto Sánchez había participado, junto al pintor Benjamín Palencia en la creación de la Escuela de Vallecas, una comunidad artística y de vanguardia en la que no faltaron también poetas, escritores o dramaturgos como Moreno Villa, Maruja Mallo, Ramón Gaya, Luis Castellanos, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Miguel Hernández o Pablo Neruda entre otros.

En este período gran parte de los artistas que se reunían en torno a esta efímera (y aún hoy gran desconocida) Escuela pretendían hacer un arte auténticamente nuevo, que transformara la vida social y mejorara la vida del pueblo y todo ello sin volver necesariamente a la representación mimética o al academicismo. 

Alberto Sánchez y Benjamín Palencia salían a dar paseos desde la Estación de Atocha en dirección a Villaverde, Vallecas, Vicálvaro y Valdemoro. El entorno rural se transformaba así en un encuentro con las raíces y la tierra, un espíritu que trasladan a sus dibujos y pinturas, también a las esculturas en el caso de Alberto, tal y como muestra Silueta. Mujer Castellana perteneciente a las Colecciones Fundación MAPFRE. Realizada en el exilio, en Rusia, entre 1958 y 1960, esta obra corresponde al último período creativo del artista español. Un exilio que había comenzado en 1938 y durante el cual se había dedicado casi íntegramente a la docencia y al diseño de escenografías; al menos hasta la parcial apertura política del gobierno de Kruschev a mediados de 1950, cuando reanuda su trabajo como escultor y vuelve a las soluciones escultóricas que había iniciado en 1937 con el “hueco activo” y sus piezas en chapa de hierro. Como no podía ser de otra manera, Alberto retoma el motivo de la mujer castellana, una vuelta a la tierra y a las raíces desde el exilio del que ya no volvería. Y es que, a través del arte, se pueden decir muchas cosas

“(…) Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.

Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido”.

Si el hombre pudiera decir lo que ama, (extracto), Luis Cernuda, 1931

Leyre Bozal, Conservadora Colecciones Fundación MAPFRE.