Asociación Altamar

Cómo salir mentalmente de las fronteras de la exclusión y la delincuencia

Victoria Marín, es la directora de Altamar, y gran parte del alma de este proyecto desde que se unió a él en 2005. A nuestra superheroína todo el mundo la llama Peque, así la conocen en el barrio.

Peque es pedagoga y desde joven fue voluntaria en proyectos educativos. Llegó a Málaga por amor, a una ciudad en la que no conocía a nadie y Altamar fue la llave que le abrió sus puertas. Hoy no sólo dirige este centro, sino que es amiga y compañera de muchas familias que han pasado por aquí durante estos años.

Si tuviéramos que resumir qué es Altamar, diríamos que es un centro que puso en marcha un grupo de mujeres en 2005 y en el que, hasta hoy, han ofrecido apoyo y educación integral a casi 100 niños, además de asistir las necesidades de sus familias en riesgo de exclusión.

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Altamar está en el barrio de La Trinidad y El Perchel, una parte de la ciudad en la que miles de personas luchan cada día por vivir, enfrentándose a la precariedad y a las múltiples formas de violencia impuestas por la exclusión social.

María y sus hijos son beneficiarios del proyecto. El paso por Altamar ha supuesto un avance tremendo para sus cuatro hijos (de 16, 14, 7 y 5 años) y para ella misma. El apoyo escolar personalizado a los niños y el acompañamiento de Peque le ha ayudado a superarse y hasta a vencer las secuelas de la violencia que le impuso la relación con el padre de sus hijos mayores.

En la segunda planta de la Guardería San Pablo, en un edificio de la fundación Santa María de La Paz, donde funciona Altamar, por las tardes de lunes a jueves los chicos llegan dispuestos a recibir apoyo, una comida y mucho cariño. Actualmente se atiende a un total de 44 niños, entre 5 y 16 años, que pertenecen a unas 25 familias.

Las tardes de Altamar son sencillas y en tres tiempos. Lo primero es la merienda, a las 17:30. “Para algunos de estos niños es de las pocas comidas que reciben al día”. Alternan fruta, bocadillos y alguna bollería ocasionalmente. Lo segundo, el apoyo escolar, a las 17:45. “Que sea personalizado es la clave”, recuerda Peque. Y lo tercero, los talleres, que empiezan a las 18:45. Para hacerlos cuentan con el apoyo de otras asociaciones, como la Alacena del Corralón que imparte talleres de cocina.

Muchas de las familias que se atienden en Altamar tiene uno o varios miembros en prisión o en situación de drogodependencia. Por eso, el proyecto es tan importante para que muchos niños salgan mentalmente de las fronteras de la exclusión y la delincuencia. Para darles atención hay cinco monitoras contratadas y muchos voluntarios. Gente que hace cosas sencillas. Todos son parte de un engranaje. “Y todos”, asegura Peque, “salen con brillo en los ojos…, y con dolores de cabeza. Aquí hay mucha intensidad y mucho gelocatil”.

Conoce más a fondo la historia de María, de su hija Ainoa, de Yolanda que les enseña a cocinar, y de Ezequiel, que ha sacado buenas notas. Ellos nos cuentan su realidad y sus esfuerzos por mejorarla.