Tengo una contractura muscular en la espalda. ¿Cómo puedo reducir el dolor sin tomar ningún tipo de medicación? ¿Me serviría aplicar frío o calor sobre la zona afectada?

La contractura muscular es un motivo de consulta muy frecuente en atención primaria y traumatología. Supone una contracción involuntaria y continuada de un músculo que provoca dolor ante el movimiento y, en los casos más graves, incluso dolor en reposo. Algunas zonas muy frecuentes de contractura muscular son la cervical, en la parte posterior del cuello, y la lumbar, que origina el conocido dolor de lumbago.

Las causas de las contracturas musculares son los sobreesfuerzos, las malas posturas e incluso la exposición a corrientes de aire. A veces también pueden producirse por accidentes como, por ejemplo, el clásico latigazo cervical cuando recibimos un impacto por detrás en el coche. El latigazo cervical origina una fuerte contractura, así como dolor en la zona cervical que puede alargarse unos meses o incluso un periodo superior.

El tratamiento de las contracturas musculares son los antiinflamatorios (ibuprofeno, diclofenaco…) y los relajantes musculares como benzodiacepinas, precisándose en general varios días hasta su remisión. El calor local suave y seco alivia la contractura y ayuda a relajar el músculo. El frío, en cambio, suele ser contraproducente. En general, las contracturas precisan tratamiento con antiinflamatorios, salvo que estas sean muy suaves. En estos casos puede intentarse el alivio con pomadas o geles tópicos de estos mismos antiinflamatorios y mediante calor en la zona contracturada con una manta eléctrica o bolsas de agua caliente. Si la contractura no desaparece o el dolor no remite en unos cuantos días, es conveniente que se acuda al médico de familia para una correcta evaluación del caso.