Aquella metrópolis iliberal

Valentí Puig

Aquella metrópolis iliberal

Helen Levitt
New York, ca. 1940
Colecciones Fundación MAPFRE
© Film Documents LLC, courtesy Galerie Thomas Zander, Cologne
 
Jon Rafman
Hrebendova, Kosice, Slovakia, 2012
Courtesy of the artist and Sprueth Magers Gallery

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Las ciudades caen, renacen o se quedan solas frente al inacabable desierto de los tártaros a semejanza de una premonición alucinada de la ruina, ese blanco y negro escuálido y aciago de la fotografía de Jon Rafman Hebrendova, Kosice, Slovakia (2012)  que escenifica anticipadamente los despojos de la Historia y después delega en los drones que urdieron un nuevo travelling aéreo en la guerra de Siria. También en cada paisaje ucraniano derruido por el fuego ruso reaparece, incontinente y trágica, una misma traslación de lo cotidiano al horror que el ojo de los «drones» transmite como titular emocional.

 Fantasmas del bien y del mal han contagiado las ciudades con una arquitectura de la distopía que a veces nada diferencia de la utopía. Liam Young, arquitecto de megalópolis virtuales, ha fundado digitalmente la Planet City como metrópolis planetaria que el tecno-optimismo, o peor aún la tecno-utopía, canjean por un mal sueño con 10.000 millones de habitantes, presuntamente sostenible, depurado por biorreactores, con soles artificiales, concordia multiculturalista y consensos lábiles. Es predecible que en Planet City, como ya ocurre en China, millones de ciudadanos merodearían controlados constantemente por el reconocimiento óptico. Pasado mañana, cualquier barrio desahuciado de la Europa en crisis biológica pudiera regresar al milenarismo, la peste negra y la Guerra de los Cien Años.

Es en las encrucijadas suburbiales de la más vieja Europa donde asoma la imposibilidad de rehabilitar la ciudad destruida, la contra imagen del bien común tan esquivo, la ley de la entropía que impone un destino tribal, fracasos cognitivos y la pasividad de los nativos digitales entumecidos por la economía del yo. El subrayado expande las disfunciones de la sociedad abierta. Ya no solo es en las ficciones de Neal Stephenson que redes maléficas de ordenadores «zombi» perpetran sus ataques con malware ultra-infeccioso. La declaración global de guerra por parte del ciber-terror es para todos los días. Cuando el enigma humano quede apresado por un código de barras o extraviado en un bucle del hipertexto sabremos que así comenzó casi todo.

Valentí Puig es escritor. Su libro más reciente es Dioses de época.