Redefiniendo el largo plazo

Una nueva concepción a la hora de abordar proyectos de innovación social

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Recientemente tuve la oportunidad de viajar a China por quinta vez en mi vida. La primera fue en el verano de 1.999 y desde entonces he podido presenciar desde la distancia el increíble cambio que ha vivido este país. Se puede escribir largo y tendido sobre China, sin duda tiene muchos retos por delante y una necesidad de cambio como la mayoría de los países, pero no podemos pasar por alto su impresionante reducción de la pobreza, pasando del 88% de su población viviendo en extrema pobreza en 1981, a sólo el 1,9% en 2013* (Es decir más de 800 millones de personas!), hasta su nuevo, potencial y necesario liderazgo en la esfera internacional en materia del cambio climático, particularmente cuando EEUU se ha bajado de este tren.

Pero una interesante reflexión capturó mi atención en este viaje, al poder visitar finalmente a los guerreros de Terracota cerca de Xian, un sitio de indescriptible belleza y de relevancia histórica, compuesto por más de 8.000 figuras de guerreros, cada uno con rasgos únicos, que acompañan al Emperador Qin Shi Huang, primer emperador de la China unificada en 221a.c.-210 a.c.

Estos guerreros fueron descubiertos en 1974 de manera fortuita por un grupo de agricultores y desde entonces no ha parado el ejercicio de restauración, tardando hasta 8 meses en restaurar cada guerrero; todos salvo uno, el “Lucky Warrior”, único guerrero que ha sido rescatado en una sola pieza. A la fecha ha sido salido a la luz en torno a un 3% del mausoleo y queda aún intacta la tumba del emperador Qin.

Originalmente los guerreros estaban cubiertos de color, pero este desapareció al poco tiempo de ser expuestos al aire. Esta es la razón principal, además de existir altas concentraciones de mercurio en la zona, de no haber abierto aún la tumba del emperador, al no contar aún con la tecnología suficiente para asegurar que pueda ser rescatado el patrimonio histórico en su total esplendor. No saben si esto tomará diez, cincuenta o cientos de años y poco les preocupa.

¿Qué tan posible sería esto en occidente? ¿Qué político o que arqueólogo resistiría la tentación de colgarse la medalla o de sentir la adrenalina al descubrir tan histórico hallazgo? El largo plazo en China es algo de lo cual viene bien reflexionar, si cabe aún más cuando afrontamos proyectos de innovación social, donde los resultados pueden tener KPIs específicos en el corto plazo, pero la transformación que buscamos sin duda requiere una visión a largo plazo. Yo por lo pronto, espero poder conocer en vida, las historias y hallazgos de la tumba del emperador Qin. Pero prefiero infinitamente que futuras generaciones puedan disfrutar de esta maravilla del mundo en su total esplendor, así tengamos que esperar 1.000 años más.

*Sobre el autor:
Max Oliva, profesor con formación postgrado e ingeniero, es un emprendedor internacional. Max es co-fundador de una de las redes de emprendimiento con mayor impacto en el mundo, Impact Hub. Desarrollando proyectos, e impartiendo clases y talleres en más de 20 países.