Fundación grandes amigos

Contra la soledad, afecto y cariño

La labor generosa de Mercedes Villegas, la superheroína de esta historia, empezó hace muchos años, en 1994, como voluntaria en Francia. En aquel momento, esta joven periodista quería aprender francés y hacer labor social, y así pasó un verano acompañando a personas mayores solas que compartían un hogar.

Hoy, su fundación atiende a más de 850 personas mayores en soledad no deseada. La mayoría derivadas desde los servicios sociales de la Comunidad de Madrid o del Ayuntamiento. Su función es atender el acompañamiento afectivo de esas personas, algo que no puede suplir la administración, pero que hacen muy bien los 875 voluntarios que colaboran con la fundación, atendiendo a los mayores, y creando con ellos una relación de amistad, de ayuda mutua.

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Para Mercedes, su paso como voluntaria por la organización francesa Petis frères des pauvres marcó un antes y un después. Desde ese momento una idea le persiguió constantemente: trasladar el modelo a Madrid. Y con la ayuda de amigos y familiares comenzó la andadura de la Fundación Grandes Amigos.

En su voluntariado en Francia, Mercedes aprendió el lema de aquella organización. “Las flores antes que el pan”, y lo ha hecho suyo. Su máxima es que la calidez humana que tiene que acompañar necesariamente a las ayudas de primera necesidad. Es esencial que se pongan las flores en la mesa antes que el pan.

Un ejemplo de cómo el cariño y el afecto cambia vidas es el de Hania y Ángeles. Una historia de amistad entre dos personas a las que la vida ha reunido para darse ayuda mutua.

Ángeles es una mujer que vive en un sótano del barrio de Vallecas y hace cuatro años perdió al amor de su vida. No tiene hijos ni familiares que estén cerca. Hoy, con 90 años, consigue, cada mañana, subir los peldaños que le separan de la calle, hacer la compra y tomar su café con leche. Operada, como ella dice de “caderas, ojos y rodillas”, todavía puede valerse por si sola para salir al barrio y hacer sus compras.

Y después, cada día, llega Hania, que pasa con ella tres horas, compartiendo la vida. Esta voluntaria de 32 años no considera que esté cuidando de Ángeles, sino que la acompaña. Se acompañan las dos. Aprenden las dos. Hania y Ángeles son cómplices, disfrutan juntas, se quieren. Son amigas.

Tanto es así que la fundación acaba de cambiar de nombre. Antes se llamaba “Amigos de los mayores”, pero han decidido llamarse “Grandes Amigos”. Porque las palabras son importantes, como lo son la amistad, y el cariño.